Nuestro Carisma

El Carisma de MDM:

FE, PARA QUE DIOS PUEDA ACTUAR

Primero, expliquemos qué significa “carisma”. En este caso, “carisma” se refiere a un don espiritual especial que Dios da a una persona o a un grupo para llevar a cabo la misión a la que los está llamando. San Pablo compara la variedad de carismas o dones espirituales con los diferentes miembros de un cuerpo, cada uno con su propia función esencial (1 Co 12).

El carisma particular al que Dios ha conducido a nuestra Comunidad es “Fe, para que Dios pueda actuar”.

¿Qué significa eso? Una pequeña explicación debería ayudar.

DIOS ACTUANDO

Nuestra Comunidad comenzó con un pequeño grupo de personas que buscaban la voluntad de Dios, que querían dejarle actuar. “Hágase Tu voluntad”. Ese deseo fue fundamental. Estábamos dolorosamente conscientes de que los problemas del mal y el sufrimiento en nuestro mundo eran tan grandes que sólo Él podía resolverlos. Sólo Él podía salvarnos.

Poco a poco, y queremos decir gradualmente, el carisma al que el Señor nos estaba llamando se fue haciendo más claro. Empezamos a entender que el foco debe ser Su acción, más que la nuestra.

FE

Pero eso no significa que no tengamos ningún papel que desempeñar. De hecho, tenemos un papel fundamental. Dios quiere nuestra cooperación.

¿Y qué es esa cooperación? En primer lugar, es la fe. Es fácil de decir, pero es un desafío vivirla.

Vemos muchos ejemplos en las Sagradas Escrituras de cómo la respuesta de la fe permite que Dios actúe. A menudo se hace referencia a Abraham como “nuestro padre en la fe”. Dejó atrás todo lo que le era familiar y se dirigió hacia lo desconocido porque Dios lo llamó. María, nuestra Santísima Madre, ofrece el máximo ejemplo de fe en la Anunciación, creyendo y abriéndose al Don de Dios y a la acción del Espíritu Santo.

Lamentablemente, nuestro mundo sufre de una falta de fe y confianza, y esta falta crea obstáculos a las gracias de Dios. En el Diario de Santa Faustina, La Divina Misericordia en Mi Alma, Jesús afirma repetidamente que quiere derramar Su Misericordia en nuestro mundo actual, pero necesita nuestra confianza, nuestra fe.

Por la fe, le abrimos libremente la puerta. Por una fe humilde y obediente, nos abandonamos a Su voluntad y nos convertimos en Sus “colaboradores” (2 Co 6,1).

Divine Mercy Image at the Teocalli
Our Lady of Guadalupe

PROFECÍA

Un aspecto particular de la fe que es central para el carisma de MDM es el papel de la profecía.

La fe no es sólo creer en Dios. Es también creerle a Dios, que ha hablado y continúa hablando a sus hijos a través de los siglos. Él habla de muchas maneras. Una forma en que habla hoy, que es importante, pero a menudo mal entendida, o incluso rechazada, es a través de la profecía.

La profecía no siempre se refiere al futuro. Fundamentalmente, el don de profecía es transmitir y vivir las Palabras que fluyen del Corazón del Padre, que se preocupa por Sus hijos y busca todos los medios para ayudarlos.

Si bien este papel se identifica más comúnmente con los grandes profetas de las Escrituras, la historia de la Iglesia proporciona muchos ejemplos de santos y almas humildes en quienes continúa el carisma de la profecía. Pensemos en San Juan Diego, que recibió las palabras de Nuestra Señora de Guadalupe, o más cerca de nuestro tiempo, Santa Faustina, que recibió los grandes mensajes de la Divina Misericordia.

Como parte del carisma de MDM, creemos que Dios pide a nuestra Comunidad que hoy se abra con prudencia a sus dones proféticos. Por supuesto, se necesita un gran discernimiento, pero acoger estas gracias con prudencia y discernimiento beneficia enormemente a la Iglesia. San Pablo expresa bien esta actitud sana y equilibrada: “No apaguéis el Espíritu, no despreciéis la profecía, examinadlo todo y retened lo bueno…” (1 Ts 5,19-21).

St. John Paul II in Prayer
St. Faustina Picture

FE, PARA QUE DIOS PUEDA ACTUAR

Por último, queremos incluir este pasaje del Catecismo de la Iglesia Católica:

Los carismas se han de acoger con reconocimiento por el que los recibe, y también por todos los miembros de la Iglesia. En efecto, son una maravillosa riqueza de gracia para la vitalidad apostólica y para la santidad de todo el Cuerpo de Cristo; los carismas constituyen tal riqueza siempre que se trate de dones que provienen verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu, es decir, según la caridad, verdadera medida de los carismas. (CEC #800).

Nosotros, los de la Misión de la Divina Misericordia, nos esforzamos cada día, aunque no siempre con éxito, por vivir el carisma al que Dios nos ha conducido. Ésta es la misión a la que tratamos de responder, con nuestras fatigas y nuestros tropiezos.

Jesús, en Ti confiamos.