1º de abril, 2025
María Santísima. Dios Padre. La Ofrenda Agradable a Mí.
(Dictado en español.) (NOTA: Las notas a pie de página no son dictadas por el Señor. La Hermana las añade. En ocasiones para ayudarle al lector a esclarecer lo que la Hermana percibió referente al sentido de palabras o expresiones, y en otras, para transmitir el tono en que el Señor o María Santísima hablaron.)
Nota de la Hna. Amapola: Desde hace unos días he tenido la sensación de que habría un dictado sobre la Santa Misa. Y acompañado a esta sensación, que es difícil de poner en palabras, un llamado a hacer un acto especial de adoración por tan grande Misterio de Su Amor.
(María Santísima)
Hijos Míos, Mis pequeñuelos, Mis soldados –
Tomad un momento Conmigo en silencio.
En el silencio de la contemplación y la adoración.
(Pausa)
Arrodillaos en vuestro espíritu, postraos Conmigo ante el Misterio Divino, dejando a un lado vuestro pensar, vuestro querer, vuestro hacer, para ser revestidos por medio de la Fe, Humildad y Obediencia, con el Pensar, Querer y Actuar de Dios.
Venid, hijos, y adorad Conmigo en el silencio del Amor al Cordero Degollado, Mi Cordero, Mi Jesús, Encarnado en Mi Vientre por obra Divina, ante Quien toda creatura en el Cielo, en la Tierra y debajo de la Tierra ha de postrarse.
Silencio, hijos, ante vuestro Dios, ante vuestro Padre que os habla, que os ama.
(Pausa)1Estas dos pausas son momentos de silencio llenos de adoración. Cuando decimos “silencio” nos imaginamos “nada”, “vacío”, pero este es un silencio diverso. El silencio que está llenísimo de Dios, llenísimo de la adoración de todas Sus creaturas. No sé de qué otra manera decirlo. Y en este caso, está lleno de la adoración y el amor de María Santísima a Dios. No sé cómo se comunican estas cosas al alma, pero es un percibir que no sucede por medio de los sentidos, sino que se comunica directamente al alma.
—
(Dios Padre)
HIJOS,2Palabra dicha con mucha autoridad, como llamando a cada hijo Suyo a que preste atención.
Sí, silencio.
Soy Yo, vuestro Padre, Quien todo lo ve, todo lo escucha, todo lo sabe, todo lo comprende.
Pido vuestro silencio ante Mi Misterio.
El silencio que es humildad, que es Fe y confianza, que es Amor.
El silencio en que el alma reconoce su pequeñez ante Mi grandeza y se postra en adoración; el silencio en que el alma reclina su cabeza sobre Mi Corazón de Padre.
El silencio en que el alma que ha luchado y sufrido por Mi Nombre descansa en la caricia de Mi Amor.
Hijos, cuánta falta os hace este silencio. Cuanto más se acerca la Hora, tanto más hace falta este silencio, os es imprescindible, para poder continuar en la lucha y poder escucharme en medio del torbellino del enemigo que se hace más y más estruendoso.
Dadme vuestro silencio. Poned vuestras ideas, vuestros razonamientos ante Mis pies, ante Mi Trono. Y dejad que, en su lugar entre Mi Luz, Mi Pensar, Mi Actuar.
¿De qué sirve una espada, si no se deja manejar por el brazo que la sostiene? Se vuelve un peligro.
¿De qué sirve una pluma, si no escribe lo que Yo quiero?
Hijos, si queréis ser Mis instrumentos, habéis de hacer lo que hizo Mi Jesús: se despojó DEL TODO de Sí Mismo – SIENDO DIOS MISMO – para hacer, decir, y pensar TAN SÓLO LO QUE YO LE PEDÍ.
Imitad a Mi Jesús.
Hijos, cuántos cuestionamientos, opiniones, discusiones, tenéis entre vosotros, causando tantas penas, faltas de fe, disgustos, y distracciones.
Por esto os repito, hijos – A TODOS – haced silencio.3Entiendo aquí que se refiere no tanto al acto de no hablar sino al acto de la voluntad de tratar de silenciar la mente, corazón y voluntad – el silencio interior del que habla María Santísima al inicio de este Mensaje.
Reuníos alrededor de Mi Trono, de Mi Corazón. Postrad vuestra razón y vuestras emociones y vuestro orgullo ante el escabel de Mi Trono.
Y RECIBID MI LUZ. La que os doy, que brota de Mi Corazón para iluminar al vuestro.
(Pausa. Percibo que lo anterior es preparación para lo que ahora va a decir.)
Hijos, el Santo Sacrificio del Altar está en peligro. En sumo peligro.
¿Sabéis cuál es el peligro, el ataque mayor?
No son las blasfemias, ni herejías, ni todos los intentos de desacrarlo.4Esta palabra no existe como tal, la palabra humanamente correcta es “profanarlo.” Opté por dejar la palabra que me fue dictada para ser fiel al original.
ES LA FALTA DE FE y LA CONTAMINACIÓN DE LA RAZÓN.
Esto, hijos, es lo que destruye a este Gran Misterio en vuestras almas, lo que Lo hace ineficaz en su parte humana.
Es un ataque mucho muy sutil, que no habéis logrado entender o lo entendéis tan sólo parcialmente.
¿Qué es la Santa Misa?
La Ofrenda Perfectísima de Mi Jesús, que, tomando Carne Inmaculada, humillándose por completo, obedeciéndome en todo, soportándolo todo por amor a vosotros y a Mí, toma sobre Sí todo el odio y escarnio de Satanás, pagando con Su Sangre Purísima y Santísima, vuestra redención de la esclavitud del pecado.
Es el Misterio del Verbo Divino hecho Carne para daros Mi Amor, Mi Palabra, Mis enseñanzas, Mi Voluntad, para enseñaros cómo vivir y cómo morir.
El Misterio del Amor Encarnado Eterno que muere en medio del dolor y el abandono para reunir a Mis hijos una vez más en Mi Corazón.
No hay palabras, hijos, que puedan comunicarnos en vuestra condición actual, TODO cuanto está contenido en lo que ha hecho Mi Jesús por vosotros por Amor a Mí.
LA OFRENDA POR EXCELENCIA.
LA GRAN JOYA SIN PRECIO.
Cada Misa que se ofrece, que ofrecéis, no es más que la unión con esta Ofrenda.
En la Santa Misa que ofrecéis se suspende el tiempo y la distancia – estáis unidos al momento perenne de esta Ofrenda de Jesús sobre la Cruz.
No es un “banquete”. No es una “fiesta”. No es una “reunión”.5Estas palabras pudieran escandalizar a algunos. Pero lo que entendí es que, aunque la Santa Misa ciertamente es una participación del Banquete Eterno del Cielo (ver El Catecismo de la Iglesia Católica, 1323; 1382; 1391; 1402; 1408), y ciertamente es la reunión de Sus hijos para darle alabanza y adoración (CIC, 1097; 1346; 2179), y ciertamente produce la comunión fraterna y la Comunión con Dios (CIC, 1102; 1325; 1329), nada de esto puede suceder sin que se realice el Sacrificio de Jesús en la Cruz. Uno no puede participar del Cielo, ni de la verdadera comunión con Dios, sin la Ofrenda del Sacrificio de Jesús en la Cruz. Percibo que Dios Padre nos está mostrando la ESENCIA, el FUNDAMENTO. El ORIGEN del cual procede este Banquete, esta Comunión. Él quiere que tengamos este fundamento bien establecido en nuestra alma. Una vez en su lugar, Él puede construir lo demás. Cuando dijo las palabras que están entre comillas Su Voz se hizo más tajante, como si las estuviese viendo en el contexto en que ahora han sido usadas en tantísimas ocasiones para desvirtuar el aspecto de la Santa Misa como Sacrificio. El problema no son las palabras en sí, ni su verdadero significado, sino más bien cómo han sido usadas y manipuladas para cambiar y aminorar la Fe en la Santa Misa.
ES LA OFRENDA DE MI JESÚS que se hace presente para que cada uno de vosotros podáis unir en Fe y en Verdad vuestra propia ofrenda, y ofrecerme, con Mi Jesús, vuestra adoración6Estas palabras pudieran escandalizar a algunos. Pero lo que entendí es que, aunque la Santa Misa ciertamente es una participación del Banquete Eterno del Cielo (ver El Catecismo de la Iglesia Católica, 1323; 1382; 1391; 1402; 1408), y ciertamente es la reunión de Sus hijos para darle alabanza y adoración (CIC, 1097; 1346; 2179), y ciertamente produce la comunión fraterna y la Comunión con Dios (CIC, 1102; 1325; 1329), nada de esto puede suceder sin que se realice el Sacrificio de Jesús en la Cruz. Uno no puede participar del Cielo, ni de la verdadera comunión con Dios, sin la Ofrenda del Sacrificio de Jesús en la Cruz. Percibo que Dios Padre nos está mostrando la ESENCIA, el FUNDAMENTO. El ORIGEN del cual procede este Banquete, esta Comunión. Él quiere que tengamos este fundamento bien establecido en nuestra alma. Una vez en su lugar, Él puede construir lo demás. Cuando dijo las palabras que están entre comillas Su Voz se hizo más tajante, como si las estuviese viendo en el contexto en que ahora han sido usadas en tantísimas ocasiones para desvirtuar el aspecto de la Santa Misa como Sacrificio. El problema no son las palabras en sí, ni su verdadero significado, sino más bien cómo han sido usadas y manipuladas para cambiar y aminorar la Fe en la Santa Misa., vuestra obediencia, vuestro amor, aceptando en justicia lo que Yo os mande, lo que Yo os pida.
Es el entrar por un instante en el Misterio Divino y participar de el Amor entre Mi Jesús y Yo.
¿Cómo puede algo tan inmenso contenerse en una acción humana? Imposible, salvo por medio de la Fe.
¿Veis, hijos, porqué entonces el ataque que puede “destruir” a la Santa Misa es un ataque a la FE?
Por esto os insisto en la FE, en la necesidad de una FE SENCILLA y HUMILDE, para poder recibir Mi Luz, Mis Misterios, y dejar que produzcan su fruto en vosotros.
La ESENCIA del Santo Sacrificio del Altar, de la Santa Misa, es lo que hizo y dijo Mi Jesús.
Sus Palabras y Acciones en esa HORA.
¿Comprendéis?
Más allá de los gestos y ritos y prácticas.
¿Qué hizo y qué dijo Mi Jesús?
Esta es la esencia. La JOYA.
Los ritos son como los diversos anillos7Entendí que estos anillos son referencia a los diversos ritos en que se ofrece la Santa Misa. (Por ejemplo: Romano, Bizantino, Siro-Malabar, Ambrosiano, Maronita, etc.) en que se coloca esta JOYA para ser llevada ante el mundo y ser presentada ante Mi Trono.
La JOYA es eterna, inmarcesible, indestructible. Ningún ataque la puede destruir.8La JOYA no puede ser destruida, pero nuestra fe en la JOYA sí puede ser destruida.
Pero pensad, hijos, en lo que debiera ser el anillo que rodea a tal JOYA.
¿Cuál es el propósito del anillo? Poner de manifiesto la belleza de la JOYA, su valor, y protegerla.
El anillo ha de ser de material precioso y resistente – capaz de soportar golpes, ralladuras, suciedades, calor, frio.
El anillo no es lo que da valor a la JOYA, sino la JOYA la que da utilidad al anillo.
El anillo sin la JOYA no es más que un trozo de metal cualquiera.
Hijos, estad en guardia.
No perdáis de vista a la JOYA, distraídos por el anillo.
Cuántas modificaciones y añadiduras se han hecho a los anillos con el correr del tiempo – unos con buena intención, otros por ignorancia, otros por maldad y soberbia.
¿Queréis saber cuál es el Anillo Perfecto?
El Anillo Perfecto es el Corazón Inmaculado de María, la Perla de Dios, la Alegría del Cielo.
Nadie ha estado presente como Ella, unida a la OFRENDA como Ella, custodiado esta JOYA como ELLA.
Por esto, hijos Míos Sacerdotes, debéis estar unidos a Su Corazón si queréis ofrecer la Santa Misa dignamente.
Hijos todos, os muestro la Esencia, COMO YO VEO, para que no os distraigáis y seáis presa de los razonamientos que tan fácilmente manipula nuestro enemigo.
MIRAD LA ESENCIA, HIJOS. CONTEMPLADLA, AMADLA. Y SÓLO ASÍ podréis ofrecerme el Santo Sacrificio de Mi Jesús, y sólo así Su Sacrificio podrá dar la plenitud de Su fruto.
Hijos, no es posible aquilatar, ni comprender aquí sobre la tierra este GRAN MISTERIO DE AMOR, DE MISERICORDIA, y DE JUSTICIA.
Pero os muestro lo que necesitáis para que os podáis unir a este MISTERIO – A MI CORAZÓN – Y VIVIR EN MÍ.
¿Qué es lo que requiero de cada uno de vosotros? ¿Cómo quiero que Me ofrezcáis la Santa Misa?
Mirando a Mi Jesús. Amándolo e imitándolo con María Santísima. Uniendo vuestro corazón al Suyo. Ofreciéndoos a Mi Amor. Ofreciéndome vuestras penas y dolores y los de vuestros hermanos. Ofreciéndoos con Mi Jesús como ofrenda de Amor, Obediencia, y Reparación.
Ésta es la Ofrenda que Me agrada, hijos.
Así como Yo os miro más allá de las apariencias, así quiero que miréis este Gran Misterio también.
Hijos, recordad que YO renovaré TODO.
Aún los anillos imperfectos que sostienen a la JOYA sin precio.
Sí, hijos, unos anillos están en mejores condiciones que otros; tienen mejores materiales.
Pero todos, hijos, han quedado contaminados por la razón y por la falta de Fe.
Por esto os digo, MIRAD A LA JOYA. MIRAD A LA ESENCIA. No os confundáis.
Lo que necesito en esta Hora de vosotros, hijos, no son anillos perfectos, sino FE perfecta. CONFIANZA absoluta. AMOR sin temor. Que Me deis lo que en justicia Me corresponde: vuestra adoración, vuestra confianza, vuestro amor de hijos.
FE, HUMILDAD y OBEDIENCIA.
Lo demás, hijos, LO HAGO YO.
Lo hago en vosotros, por medio de vosotros, con vuestra cooperación.
Pero SOY YO QUIEN LO LLEVA A CABO.
Estaos en Paz.
Silenciad vuestras mentes para que podáis recibir la Luz que necesitáis ahorita para caminar llevados de Mi Mano.
Hijos Míos, vuestro Padre os ama. No temáis.
“Dejad todo” y seguidme.
Dejad vuestro pensar, vuestra voluntad humana, vuestros criterios, vuestro orgullo, vuestros planes.
Revestíos de Mi Jesús.
Cubríos con el Manto de vuestra Madre y Reina.
Repetid el Nombre de Mi Jesús.
Recordad lo que comprendió Mi hijo Tomás9Santo Tomás de Aquino. al final de su vida: que todo conocimiento humano, todo entendimiento, toda razón y argumento, es nada – paja – ante la Majestad, Inmensidad y absoluta sencillez de MI VERDAD.
No os angustiéis.
LA VERDAD no es una idea, LA VERDAD SOY YO MISMO.
Y esta VERDAD os ama [sonrisa] y os da todo cuanto os es necesario.
Dadme vuestro Amor, vuestro “todo”, y estad en Paz.
OS AMO, hijos.
Estad atentos. No sabéis la hora ni el día en que vendré. PERO YO SÍ. Por esto os digo: estad atentos.
Os dejo Mi Bendición y Mi sonrisa.
Ánimo, hijos Míos, soldados Míos.
NO ESTÁIS SOLOS.
YO, VUESTRO DIOS, VELO SOBRE CADA UNO.
Vuestro Padre que os ama.
Vuestro Dios que se inclina sobre Sus pequeños. +
—
(María Santísima)
Hijitos Míos,
Recoged estas Palabras en vuestro corazón y Conmigo dadles cabida, y Conmigo adorad al Padre, a Mi Jesús, y al Divino Amor, por Su Amor a Sus pequeñuelos.10Nuevamente aquí, como al principio, Su voz es suave, queda, llenísima de respeto y amor. Como una onda de brisa que hace subir a nuestro corazón con el Suyo en un acto profundísimo y a la vez sencillísimo de adoración al Padre.
Dios Santísimo, Padre, Hijo y Espíritu Santísimo de Dios,
Te amamos, Te adoramos, aceptamos Tu Voluntad, Tu Querer.
Hágase en nosotros según Tu Palabra.
Que reine en nosotros la Fe luminosa que tanto amas.
Bendito seas, Dios nuestro, en el Cielo y en la Tierra,
y por todos los siglos. AMEN.
Amén, hijos Míos.
Como dije en Caná os vuelvo a decir:
“Haced todo cuanto Él os diga.”
Amén.
Vuestra Madre os ama.
(sonrisa)
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- 1Estas dos pausas son momentos de silencio llenos de adoración. Cuando decimos “silencio” nos imaginamos “nada”, “vacío”, pero este es un silencio diverso. El silencio que está llenísimo de Dios, llenísimo de la adoración de todas Sus creaturas. No sé de qué otra manera decirlo. Y en este caso, está lleno de la adoración y el amor de María Santísima a Dios. No sé cómo se comunican estas cosas al alma, pero es un percibir que no sucede por medio de los sentidos, sino que se comunica directamente al alma.
- 2Palabra dicha con mucha autoridad, como llamando a cada hijo Suyo a que preste atención.
- 3Entiendo aquí que se refiere no tanto al acto de no hablar sino al acto de la voluntad de tratar de silenciar la mente, corazón y voluntad – el silencio interior del que habla María Santísima al inicio de este Mensaje.
- 4Esta palabra no existe como tal, la palabra humanamente correcta es “profanarlo.” Opté por dejar la palabra que me fue dictada para ser fiel al original.
- 5Estas palabras pudieran escandalizar a algunos. Pero lo que entendí es que, aunque la Santa Misa ciertamente es una participación del Banquete Eterno del Cielo (ver El Catecismo de la Iglesia Católica, 1323; 1382; 1391; 1402; 1408), y ciertamente es la reunión de Sus hijos para darle alabanza y adoración (CIC, 1097; 1346; 2179), y ciertamente produce la comunión fraterna y la Comunión con Dios (CIC, 1102; 1325; 1329), nada de esto puede suceder sin que se realice el Sacrificio de Jesús en la Cruz. Uno no puede participar del Cielo, ni de la verdadera comunión con Dios, sin la Ofrenda del Sacrificio de Jesús en la Cruz. Percibo que Dios Padre nos está mostrando la ESENCIA, el FUNDAMENTO. El ORIGEN del cual procede este Banquete, esta Comunión. Él quiere que tengamos este fundamento bien establecido en nuestra alma. Una vez en su lugar, Él puede construir lo demás. Cuando dijo las palabras que están entre comillas Su Voz se hizo más tajante, como si las estuviese viendo en el contexto en que ahora han sido usadas en tantísimas ocasiones para desvirtuar el aspecto de la Santa Misa como Sacrificio. El problema no son las palabras en sí, ni su verdadero significado, sino más bien cómo han sido usadas y manipuladas para cambiar y aminorar la Fe en la Santa Misa.
- 6Estas palabras pudieran escandalizar a algunos. Pero lo que entendí es que, aunque la Santa Misa ciertamente es una participación del Banquete Eterno del Cielo (ver El Catecismo de la Iglesia Católica, 1323; 1382; 1391; 1402; 1408), y ciertamente es la reunión de Sus hijos para darle alabanza y adoración (CIC, 1097; 1346; 2179), y ciertamente produce la comunión fraterna y la Comunión con Dios (CIC, 1102; 1325; 1329), nada de esto puede suceder sin que se realice el Sacrificio de Jesús en la Cruz. Uno no puede participar del Cielo, ni de la verdadera comunión con Dios, sin la Ofrenda del Sacrificio de Jesús en la Cruz. Percibo que Dios Padre nos está mostrando la ESENCIA, el FUNDAMENTO. El ORIGEN del cual procede este Banquete, esta Comunión. Él quiere que tengamos este fundamento bien establecido en nuestra alma. Una vez en su lugar, Él puede construir lo demás. Cuando dijo las palabras que están entre comillas Su Voz se hizo más tajante, como si las estuviese viendo en el contexto en que ahora han sido usadas en tantísimas ocasiones para desvirtuar el aspecto de la Santa Misa como Sacrificio. El problema no son las palabras en sí, ni su verdadero significado, sino más bien cómo han sido usadas y manipuladas para cambiar y aminorar la Fe en la Santa Misa.
- 7Entendí que estos anillos son referencia a los diversos ritos en que se ofrece la Santa Misa. (Por ejemplo: Romano, Bizantino, Siro-Malabar, Ambrosiano, Maronita, etc.)
- 8La JOYA no puede ser destruida, pero nuestra fe en la JOYA sí puede ser destruida.
- 9Santo Tomás de Aquino.
- 10Nuevamente aquí, como al principio, Su voz es suave, queda, llenísima de respeto y amor. Como una onda de brisa que hace subir a nuestro corazón con el Suyo en un acto profundísimo y a la vez sencillísimo de adoración al Padre.



