La siguiente es una transcripción generada por computadora que se ha incluido para que la homilía sea consultable. No ha sido verificada por el autor.
“No se dirá de ti jamás ‘Abandonada’, ni de tu tierra se dirá jamás ‘Desolada’, sino que a ti se te llamará ‘Mi Complacencia’, y a tu tierra, ‘Desposada’. Porque Yahvé se complacerá en ti, y tu tierra será desposada. Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios”.
Estas palabras que el Señor nos revela a través de Isaías y que hemos escuchado esta noche nos ayudan a penetrar un poco en el misterio de esta noche. Y aquí, en nuestra pequeña y pobre capilla, en nuestra pequeña Misión, nos sentimos unidos a ese pequeño establo, a esa pequeña gruta, tan pobre y que se hizo tan rica. Algo tan misterioso estaba sucediendo allí. Saben, en la ciencia ficción les gusta hablar de un portal, una conexión misteriosa entre dos lugares y tiempos muy diferentes. Y es algo parecido a lo que ocurre en la misa, y en esta misa y en esta pequeña capilla esta noche, que nos une a ese establo.
Así que volveré a leer este pequeño pasaje. “No se dirá de ti jamás ‘Abandonada’, ni de tu tierra se dirá jamás ‘Desolada’, sino que a ti se te llamará ‘Mi Complacencia’, y a tu tierra, ‘Desposada’. Porque Yahvé se complacerá en ti, y tu tierra será desposada. Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios”. Se gozará por ti tu Dios.
Y así, este mensaje profético nos habla de este misterio, como dice el Evangelio, de Dios con nosotros. Emmanuel, Dios con nosotros. Dios nos atrae hacia Él. Dios te atrae hacia Él. Dios viene a ti y te llama a Él, a la unión con Él. La misa nos lleva a la comunión, a la santa comunión. A la unión con el Señor, llevándonos a lo que Dios desea: la unión contigo. Y quería compartir con ustedes un mensaje. Este fue un mensaje que la hermana recibió pocos días antes de Navidad, el 16 de diciembre de 2017. Y lo compartí con ustedes el año pasado. Lo compartí aquí el año pasado. Pero creo que mientras oraba, preparando esta misa, y me preguntaba qué quería decirnos Dios esta noche, sentí que sería bueno volver a escuchar este mensaje. Y así, este mensaje, de nuevo, fue dado antes de que pudiéramos publicar los mensajes.
Así es que fue dado a nuestro pequeño equipo, pero creo que es bueno compartirlo con ustedes. Y habla de las dos venidas del Señor, la venida del Señor en Belén hace 2000 años, y la segunda venida del Señor, y este misterio de la venida del Señor, la venida del Señor incluso ahora mismo en esta misa. Así que, si quieren, como he dicho, siempre pueden, como dijimos antes, cerrar los ojos si eso les ayuda a concentrarse en este mensaje.
“Florecita. Escribamos para Mi Comunidad y Equipo, Mis hijitos tan amados: Mis pequeños Se acercan ya los días, las Fiestas de Navidad, y cuantos anhelos, recuerdos os llenan el corazón. Algunos alegres, otros de tristeza y nostalgia. El mundo que ha tergiversado el sentido sagrado de estos días con el materialismo, haciendo que la vista de Mis hijos se dirija a lo humano, y por tanto quedando susceptibles a la tristeza de no tener todo ‘perfecto’ para la ‘temporada’.
Pero estos son los días Santos para levantar los ojos al Cielo, a Mí, llenos de esperanza por el cumplimiento de Mis Promesas. Cuantos siglos, cuantas promesas y profecías dadas a Mis Profetas, y que finalmente tuvieron cumplimiento en Mi primer venida, y que tendrán su cumplimiento completo y perfecto con Mi segunda venida, que ustedes, Mis pastorcitos de estos tiempos, presenciarán. Es el tiempo de la esperanza y del consuelo. Cuando os sintáis tristes y agobiados, pensad en estos días” Aquí la hermana agrega una nota que dice, “Se refiere a los días de Navidad.” “Pensad en estos días que son días de Luz, de gran Luz por el cumplimiento de Mis Promesas, que os dan fuerzas en la espera del cumplimiento de todas Mis Promesas, que ya está por suceder. Mi primer venida fue una Ola de Gracia y de acontecimientos esperados por siglos. Mi segunda venida será un Océano de Gracia y Misericordia, en que todos Me reconocerán, en que se revelará lo escondido por siglos porque no era la hora aún.
Ya vengo. Mis pequeñitos, que estáis tan cansados, hartos, soportando tantas pruebas…venid al pesebre, Mis hijitos, y reclinad ahí vuestra cabecita, junto a la Mía pequeñita también; rodeados de la sonrisa de Mi Madre, y la de Mi San José, en la serenidad y Paz que ahí está. Tomadme en vuestros brazos con confianza, que Yo quiero descansar y recibir consuelo en ellos. Dejad que, al tenerme en vuestros brazos, abra Yo la fuente de la ternura en vuestro corazón, como hice con Mi San José en esa noche. La fuente de la ternura.”
Aquí la hermana añade una nota que dice, “La palabra “ternura” la identificamos muchas veces con debilidad, o con sentimientos ‘bonitos’, ’¡ay, que lindo!’, pero lo que yo percibo en esta palabra cuando la usa Jesús es más bien algo mucho más allá de las emociones; es algo que conmueve el corazón en lo más profundo, en lo más íntimo de nuestro ser, y que es parte de nuestro verdadero ser, más allá de nuestra humanidad.” Así es que esa es la nota, y el mensaje continua:
“La fuente de la ternura que ablanda vuestros corazones y Me deja moldearlos; es la fuente de Mi Amor en vosotros, que brota para dar consuelo a los demás, y a vuestro Dios; la fuente de agua cristalina que podéis ofrecer para calmar la sed tan tremenda de Amor que hay en el mundo, y que Me ayuda a abrir esas fuentes de ternura en las almas de Mis otros hijos. Esta fuente santa que es una de las primeras cosas que el pecado y las heridas causadas por los pecados propios y ajenos cierran, cubren, sellan o ensucian, contaminan. Y al bloquearse ésta, se va endureciendo más y más el corazón. Por eso vine como un Bebé, un pequeñito que podía ser tomado en brazos, para así conmover el corazón de Mis hijos, y abrir nuevamente esta fuente de ternura, de Mi Amor en vosotros; ablandando así, preparando así el terreno de los corazones para poder recibir primero el trabajo de abrir surcos, quitar abrojos, que hizo Mi Juan Bautista; y después poder recibir la semilla santísima de Mi Palabra, y después de Mi Sangre. Todo en orden. Y así hago en cada uno de Mis hijos una y otra vez, hasta haceros un vergel, hasta saturarlos de Mi Sangre, Mi Sello. Mis pequeñitos tan amados. Tomadme en vuestros brazos. Recordad que lo que se hace en Fe se hace en verdad, aunque no lo percibáis así. Mis pequeñitos, quiero descansar en vuestra Fe, descansar sobre vuestro corazón; tomadme en brazos sin temor, sin pena que Yo vengo gustoso. ¡Y vengo con tanto Amor! Yo os tomo en Mis brazos, y vosotros a Mi en los vuestros. Pasemos así juntos estos días Santos que vienen. ¡Cuánto os Amo! Os espero. Vuestro Jesús pequeñito.” Amen.






