28 de mayo 2017
Dios Padre. Para las almas que se sienten desanimadas al tratar de hacer la Voluntad de Dios.
NOTA: Nos gustaría señalar que en este mensaje el Señor no se dirige ni a los cristianos perfectos ni a los tibios, impenitentes o hipócritas. Como sugiere el título, se dirige a las almas que están desanimadas, pero que sinceramente tratan de hacer la voluntad de Dios. Por lo tanto, Sus palabras y Su actitud son las de un Padre amoroso, más que las de un Juez justo.
Florecita Mía,
Escribamos para Mis pobrecitos hijos que sufren el tormento de querer hacer Mi Voluntad, y el verse tan pobres e incapaces para hacerlo, y que sienten que Me defraudan.
Pequeñitos Míos, reciban estas Palabras venidas de Mi Corazón de Padre. Sí, Soy Yo, vuestro Padre. Vuestro Abba que os ama y se alegra por el deseo que tenéis de amarme.
Venid y reclinad vuestra cabecita sobre Mi Corazón, y descansad ahí, dejad que, con cada latido de Mi Corazón, entre en vosotros Mi Paz y la certeza de que Yo os comprendo.
Yo os veo como niños pequeños y así os recibo, contento de que Mis hijos quieran amarme, conocerme, obedecerme.
Yo Soy el Padre paciente, que no espera que Me deis todo de inmediato.
Ved cómo he hecho todo en la naturaleza – aún vuestra propia formación en el vientre de vuestra madre – cada parte de vosotros se va formando poco a poco – al principio no podríais haber sobrevivido fuera del vientre de vuestra madre, pues vuestros pulmones no estaban formados aún.
Ved como un árbol no da fruto de inmediato, sino que pasan varias temporadas y ciclos, antes de que venga la flor y el fruto.
Así hago en vuestro espíritu, hijitos. Poco a poco. [sonrisa] Paciencia. [sonrisa] Dejad que Mis Palabras y Mi sonrisa vayan cayendo sobre vuestras mentes, vuestros corazones, como llovizna refrescante. Beban de Mi Amor, hijitos.
Recordad y tened siempre presente que, para Mí, el simple deseo de amarme, obedecerme, escucharme, es ya empezar a hacerlo. Os digo esto para que tengáis este ánimo. [sonrisa]
Segundo, recordad que Yo comprendo. Yo sé, Yo veo vuestros esfuerzos y Me bastan, Me consuelan.
Tercero, recordad que no podéis nada sin Mí – que Soy Yo Quien os hace capaces de Amar, obedecer. La santidad – el cumplimiento de Mi Voluntad – no es más que el dejarme a Mí actuar en vosotros. No se trata de lo que vosotros podéis hacer por Mí, para Mi para agradarme, sino el abandonarse a Mí y dejar que Yo haga en vosotros.
Es recibirme y creerme.
Yo veo vuestras luchas, vuestros tormentos. No lo ignoro, hijitos. Y os quiero ayudar, consolar. Ofrecedme vuestro dolor por todos aquellos que no quieren conocerme, amarme, obedecerme.
Yo tomo y uso este sufrir, hijos, también para purificaros de cualquier vestigio de soberbia y orgullo que pudiera haber escondido – sin vosotros daros cuenta muchas veces – y que os hace tener estos sentimientos de tristeza, “inutilidad”, “no puedo nada”, y que vienen de un deseo de hacer todo por vuestras propias fuerzas.
No podéis confiar en vosotros mismos ni hacer nada por vuestras propias fuerzas, hijos, [sonrisa] no lo tratéis. [sonrisa] Sólo os traerá tristeza y decepción, y terminaréis abandonándome, diciendo que Soy un Dios duro, que exige demasiado de Sus hijos. Un Dios que no comprende.
No, hijos, dejad de miraros a vosotros mismos y miradme a Mí. Mirad Mi rostro lleno de alegría cuando os veo venir a pasar un rato Conmigo; cuando os veo hacer un esfuerzo por agradarme; cuando os veo sonreírme.
Sonreídme, hijos. [sonrisa] Os amo, Soy vuestro Padre y vosotros Mis hijos pequeños.
Pensáis – ¿por qué entonces nos pide tantas cosas?, que hagamos esto, esto y esto; que seamos así, así, y así. ¿Que seamos perfectos como Él – si nos es imposible hacer todo esto?
Sí, Mi Jesús ha dicho “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los Cielos es perfecto.”[1]
¿Qué es el ser “perfecto”? Es tener la plenitud de algo, la entereza de algo. Y en el caso Mío, hijos, ¿en qué radica esta perfección?, ¿qué es este “algo” en que Yo Soy perfecto y os pido que Me imitéis?
[sonrisa] Mi Perfección, hijitos, es la perfección del Amor, [sonrisa] la plenitud del Amor.
Soy la Fuente y Raíz del Amor. En Mi está TODO el Amor. Y al pediros que seáis perfectos como Yo, es el invitaros a que recibáis este Amor y que este Amor Mío se haga pleno en vosotros. Que vosotros también, cada uno de Mis hijos, tengáis esta plenitud de Amor en vosotros.
¿Y qué es esta plenitud de Amor?
Soy Yo en vosotros.[2]
[Aquí hubo una pausa de varios días.]
30 de mayo 2017
Mi Florecita, hijita, continuemos. [sonrisa]
Apuntarás aquí el versículo del Salmo que te di hace unas noches, cuando abriste el Salterio al azar:
(Antes de dormirme me pidió que abriera al azar el Salterio y leyera el tercer versículo de la página izquierda.)
Salmo 118(119), 32
“Corro por el camino de Tus Mandamientos,
porque Tú me ensanchas el corazón.”
Mis hijos, en este sencillo verso se encuentra un gran secreto, secreto que se repite en tantos lugares de Mis Sagradas Escrituras – Mi Querer hecho Palabras para que lo entendáis.
Este secreto, hijitos, es el secreto de la perfección, el secreto de hacer Mi Voluntad: el poder “correr” por la senda de Mis Mandamientos, es decir, el cumplirlos, avanzando rápido por el camino de Mi Voluntad, se logra ¿cómo? [sonrisa] dejándome que Yo os “ensanche” el corazón.
¿Cómo se ensancha el corazón, qué quiere decir eso?
Quiere decir que Me dais vuestra voluntad y Me dejáis a Mí hacer Mi obra en vosotros.
Quiere decir que Me dais vuestro corazón para que Yo ponga en él todo lo necesario para que avancéis en Mis caminos – quiere decir que Me abrís la puerta para que el torrente de Amor de Mi Corazón entre en el vuestro y os lleve, os “arrastre” por Mis caminos, más y más rápido, a medida que os sumergís más y más en Mi Amor y os abandonáis a Mi Acción en vosotros.
Soy Yo Quien os hace capaces de seguirme. Soy Yo Quien os hace el corazón más y más ‘grande’, capaz de hacer lo que os pido; Soy Yo Quien, poniendo Mi Amor en vosotros, y vosotros cooperando Conmigo al recibirlo, os hace verdaderamente Mis hijos – MIS HIJOS, por Mi Querer, por la Sangre de Mi Jesús, las lágrimas de Mi María, y por vuestro querer.
Si queréis “avanzar” en Mis caminos, que no es otra cosa más que acercaos más y más a Nosotros, hacer nuestra unión más y más estrecha, Me tenéis que dejar actuar en vosotros – dejando a un lado vuestros criterios y pensamientos, dejándome a Mí mostraros Mi Voluntad.
Os recuerdo las Palabras de Mi Jesús:
“A menos que os hagáis como los niños pequeños,
no podréis entrar en el Reino de los Cielos.”[3]
“Permaneced en Mí. El que permanece en Mí y Yo en él,
ése da fruto.”[4]
Hijos, la vida del espíritu es sencilla, pero se ha complicado humanamente con miles y miles de criterios humanos que no son Míos.
¿Qué es la vida del espíritu?
Recibirme. Creerme. Amarme.
Ser Mis hijos. Dejarme ser vuestro Padre, vuestro Abba.
Mis hijos, esto es lo que os pido en esencia, es el deseo de Mi Corazón, que segundo a segundo, por siglos y siglos, os he tratado de comunicar, por todo medio posible – “Soy vuestro Padre, y vosotros Mis hijos. Os amo tanto que doy TODO por teneros Conmigo para siempre. Creedme. Amadme. Dejadme llevaros en Mis brazos por los caminos de Mi Amor y Mi Voluntad. Sed Mis pequeñitos, y conoceréis las profundidades de Mi ternura y de Mi Amor.”
Esto, hijos, es lo que brota de Mi Corazón de Padre sin cesar. Esta llamada constante a vuestros corazones. Todo lo que pido, lo que permito, lo que digo y hago, tiene este Sello de Amor. TODO.
Basta recibir este deseo de Mi Corazón cual joya preciosa en vosotros, y Yo haré el resto – Vendremos, pequeñitos, a morar en vosotros – todo un Dios, vuestro Padre, que por amor viene a “morar”, es decir, a vivir del todo con vosotros.
No podéis comprender en realidad lo que esto significa, hijos, pero lo podéis recibir en Fe.
Y es Mi Presencia en vosotros lo que os da todo lo necesario para dejarme actuar.
Dadme vuestra voluntad, vuestra Fe, confianza y abandono. Amadme como los niños, y Yo haré el resto, y veréis y tendréis la libertad de los pajarillos que vuelan y se dejan llevar por las ondas del aire en la inmensidad del cielo.
Así quiero hacer con vosotros, daros las alas de la fe y confianza en Mi Amor de Padre, para que podáis volar y me dejéis llevaros por la inmensidad de Mi Amor y de Mis Planes.
Dejadme ensanchar vuestro corazón, hijos.
——-
Os preguntáis, hijitos, porqué entonces os pido tantas cosas: oraciones, novenas, sacrificios, abstinencias, etc., etc., etc.
Hijos, pocos son los que tienen la fe y la confianza de abandonarse a Mi como niños y dejarme a Mi ocuparme de su “santificación”, de su unión Conmigo.
Hay la idea errónea de que la santidad depende de vuestra acción, de vuestra voluntad.[5] Hijos, depende sobre todo de Mi querer y de Mi acción en vosotros.
Pensáis que el agradarme está en “sentiros” “espirituales”; en cumplir diversos requisitos, y se os olvida que lo que un Padre desea más que nada de Sus hijos, es su Amor y confianza.
Hijos, en Mis diversas Manifestaciones y Mensajes a través de los tiempos, he dado oraciones, novenas, promesas, etc., para daros una guía, una idea de Mi Amor – si no podéis creerme como niños, al menos podríais hacer estas oraciones, y Yo tomaría vuestra obediencia para vuestro bien.[6]
Ved, reflexionad, meditad en estas oraciones – ¿qué es lo que está al fondo? MI AMOR.
Dichosa el alma que pueda empezar a ver este Amor Mío tan sencillo y pleno en Mis obras, en Mis Palabras, y así las recibe con la sencillez de niños.
A esas almas las puedo tomar en brazos, abrazar a Mi corazón, y hacerlas correr a la unión Conmigo.
Venid a Mí con sencillez, con Amor de niños, sabiendo que Yo comprendo las debilidades, lo inútiles que os sentís.
Yo veo vuestro Amor – lo demás hijos, es secundario. Necesito vuestro Amor y vuestra voluntad. Lo demás lo hago Yo en vosotros. Lo demás viene de Nuestro morar en vosotros.
Todo, hijos, se trata de estar unidos a Mí en todo y para siempre.
Este es el fin de todo, la unión de Amor Conmigo para siempre.[7]
Dejadme llevaros a esta unión. Solo Yo puedo hacer esto en vosotros. Solo Yo. Dadme vuestra voluntad y Amadme.
Esto es lo que os pido. Ahora y siempre.
Os bendigo, hijos de Mi Amor.
Venid a vuestro Abba que tantísimo os ama y espera. +
[1] Cf. Mt 5, 48.
[2] Cf. Jn 17.
[3] Cf. Mt 18, 3.
[4] Cf. Jn 15, 4-5.
[5] Entiendo aquí que no es que nuestra voluntad sea innecesaria, sino que la mejor manera de que nuestra voluntad coopere con la Voluntad del Padre, con Su Gracia, es precisamente sometiéndola a la Suya. Imitando a María Santísima cuando dice: “Hágase en Mí según tu palabra”. (Lc 1:38) El “Fruto” más grande posible de la Voluntad del Padre – Jesús Encarnado – sucedió no por alguna acción humana que María Santísima haya hecho para realizar este Prodigio, sino fue por Su total renuncia y abandono a la Voluntad del Padre. Es en este sentido en que Dios Padre está diciendo: “…depende sobre todo de Mi Querer y de Mi Acción en vosotros.”
[6] Esto no quiere decir que tales oraciones, devociones o prácticas sean innecesarias o irrelevantes. No. Si el Padre nos las da, si Él en Su Sabiduría y Amor nos las envía, nos las pide, es porque Él sabe que las necesitamos, que son cosas buenas, útiles para nuestra alma, y por tanto las hemos de recibir con gratitud y amor. Nos está ayudando a ver que Su Amor es tan sencillo, y que basta nuestra confianza y Fe de niños para poder recibirlo en plenitud. Todas las oraciones, devociones, prácticas, son ayudas, tienen como fin la unión con Dios, por eso hay tantas y muy variadas. Pero el Señor nos puede llevar a esta unión con Él sencillamente por medio del abandono y la Fe de niños y la confianza, como lo hizo con Santa Teresita del Niño Jesús.
[7] “No temáis, rebaño pequeño; porque al Padre ha placido daros el reino.” (Lc 12:32)
© 2026Mission of Divine Mercy. Todos los derechos reservados.



