[Recibido en Español]
[Nota: Este dictado me fue dado en el Teocalli, en Tepeyac (en la Misión). Me dijeron que fuera ahí y que ahí me dictarían.]
[María Santísima] Primero hablo Yo, hija. Escribe.
Desde Mi nuevo Tepeyac os hablo, hijos.
Desde Mi Santuario os envío Mi Amor y Mi Consuelo, y os digo nuevamente que miréis a Mi Hijo y que hagáis todo cuanto Él os diga.
Él es la Palabra viva del Padre, Su Amor hecho carne por vosotros.
Hijos, la batalla se cierne y estáis dormidos. Vengo a despertaros, como una buena Madre que, al estar alerta en vela por Sus hijos, y viendo el creciente peligro, despierta, sacude a sus hijos para que no perezcan sin luchar.
Hijos, estos son los tiempos anunciados desde antiguo, en que la serpiente tres veces maldita envenenará a muchos, se inmiscuirá en lo Nuestro y se alzará para confundir a las naciones con sus títeres, sus siervos, para destruir todo cuanto es de Dios y tomar Su lugar y soberanía. Su ansia de ser adorado y su odio a Dios lo han motivado para preparar por siglos lo que ahora se desvela ante vuestros ojos.
He venido a vosotros, hijos, vez tras vez, año tras año, para advertiros, para llamaros a la lucha, para daros armas con que luchar y derrotar a las obras de Satanás.
Pero, cuán pocos Me habéis escuchado. Cuán pocos Me habéis entendido y os habéis puesto a Mi disposición para poder formar Mi ejército luminoso.
Cuán pocos, hijos. Cuán pocos.
Desde Mi nuevo Tepeyac – sí, nuevo, pues de aquí fluirá el gran Río de Gracia para reconquistar a todos los hijos de Dios – desde este pedacito de suelo, escondido, agreste, os llamo una vez más.
Hijos, ya no hay tiempo. La batalla, Nuestro contraataque inicia. Inicia con estas Palabras que os damos cual Luz, Protección, Guía y consuelo.
Nuestras Palabras.
No las ignoréis. Recibidlas y dadles cabida en vuestras almas.
Os darán Luz para ver en la oscuridad de la confusión que ahora reina en la Iglesia y en el mundo.
Os darán la Guía que necesitáis ahora que Mi Iglesia está sin pastor que apaciente a Mis ovejas, a Mis hijos.
Os darán la protección que necesitáis en contra de todos los ataques de aquellos que se han vestido con piel de cordero y de mansedumbre falsa, pero que son lobos rapaces que están devorando a Mis hijos sin piedad, confundiendo, distorsionando la Verdad suprema y radiante para así destrozar a las almas de Mis hijos.
En guardia, hijos. Sois odiados porque sois hijos de Dios e hijos Míos.
Se os quiere destruir, hijos.
Alzaos Conmigo para luchar y defender, para descubrir y aplastar Conmigo al demonio inmundo en su soberbia.
Y recibid Mis Palabras de Amor y consuelo [sonrisa]
Estáis heridos, hijitos Míos; unos más, unos menos, pero todos lleváis heridas – vuestras propias decisiones; el odio de Satanás[1] – y todos necesitáis Nuestra Sanación, todos necesitáis Nuestra ayuda.
Hijos Míos, os doy nuevamente a Mi Jesús. Os lo doy en todo Mi Amor personal.
Os lo doy como vuestro Rey.
Os lo doy como vuestro Salvador y Redentor.
Os lo doy como vuestro Capitán. Como vuestro Maestro.
Como vuestro Refugio y Protección.
Jesús. Jesús. Jesús.
Sólo Él, hijos. Sólo Él salva.
Sólo Él Purifica. Sólo Él sana.
No hay otro, hijos.
No os confundáis.
Muchas voces se hacen y harán pasar por la Suya. Muchos dicen y dirán que hacen todo en Su Nombre. Pero mirad sus obras. Ved los frutos, hijos. NO LOS IGNORÉIS.
El Padre Santísimo ha dado toda autoridad al Hijo, y todo juicio.
Sólo Su Nombre salva, hijos. No hay otro nombre. Ante Él se ha de doblar toda rodilla y se ha de inclinar toda frente.
ÉL ES. NO HAY OTRO.
Hijos, abrid los ojos y mirad a vuestro Dios. Mantened vuestra vista fija en Él.
Dejad a un lado vuestros pensamientos y criterios humanos, pues están infectados por la falta de Fe reinante.
Y Yo, vuestra Madre, os tomaré de la mano y os prepararé el alma para recibir el Don supremo que es la radiante y bella Fe sencilla que da vida a todo en vuestro ser.
Necesitáis esta Fe luminosa en el centro de vuestra alma para poder enfrentar los tiempos presentes y venideros, en que todo cuanto parecía estar estable se desmoronará.
Necesitáis esta Fe para poder recibir todo cuanto os queremos dar, y que necesitáis para trabajar en Nuestro Plan y ser instrumentos de Gracia para todos vuestros hermanos que viven aún en las tinieblas de la separación de Dios.
Venid a Mí, hijitos, Soy vuestra Madre llena de Amor por sus pequeñuelos.
Os abrazo a Mi Corazón y os traigo en brazos a Mi Jesús.
No rechacéis este Regalo Mío, hijos.
No rechacéis este tiempo de Gracia.
Después de la última llamada, viene el grito de la trompeta que inicia la gran batalla.
Todo cuanto sucede es preparación para esta batalla, y vosotros necesitáis estar preparados.
Habéis sido creados para éstos tiempos y para ésta batalla.
Y Yo, vuestra Madre y Reina, os lo recuerdo.
Amén. Los tiempos han llegado.
Y nuestro Dios se alza con Poder.
Dichoso el que recibe estas Palabras y deja que den su fruto.
Dichoso el que se abandona a Mí y se deja formar por Mí. Será digno soldado en el ejército del Verbo Divino que desciende una vez más para hacer brillar Su Verdad.
La Verdad Eterna, luminosa, Inmarcesible.
Hijos, adorad Conmigo, y con todas las huestes celestiales a
Aquel que Es, que Era y que Vendrá.
Al Padre Todopoderoso.
Al Hijo Redentor.
Al Espíritu de Dios Santificador y Restaurador.
Al Dios Uno y Trino sea toda alabanza, honor, gloria y poder,
Por los siglos de los siglos.
Amén.
Escuchad Mi Voz, hijitos.
Vuestra Madre del Cielo,
María Santísima, vuestra Reina Inmaculada,
Que con vosotros aplastará la cabeza de la serpiente inmunda.
Amén.
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[Continúa Jesús]
Ahora hablo Yo, vuestro Dios y Señor.
Os hablo desde este Trono Mío, este cerrito en que mostraré Mi Poder y Mi Amor.
Ved Mi Cruz, hijos. ¿Qué veis?
Mi Obediencia absoluta. Mi abandono total.
El Testimonio vivo dado a las Palabras y a la Voluntad de Mi Padre.
El Sello con Mi Sangre sobre la Verdad Eterna, incambiable y siempre fructífera.
El cumplimiento de la Misión encomendada por el bien de la humanidad y todo cuanto ha salido del Corazón del Padre.
La cooperación Perfecta con el Plan del Padre – Plan de Misericordia, Plan de Gracia, Plan de Restitución y Reivindicación.
Ved nuevamente. ¿Qué veis?
Mis manos, pies, costado traspasados.
El dolor ofrecido – la Ofrenda completa de cuerpo, alma y espíritu – que se consume hasta el último paso, la última gota, el último esfuerzo, por ser fiel al Querer del Padre.
La Ofrenda TOTAL.
La Ofrenda a la que unís vuestras penas, sufrimientos y esfuerzos.
La gran Ofrenda que da fruto continuamente, y que ahora llega a su culmen.
Todo, hijos, se prepara en la Fe, en la Obediencia, en la Humildad, y en el Dolor.
Os He dado ejemplo con Mi vida.
CON MI VIDA Y CON MI MUERTE Y CON MI RESURRECCIÓN.
Seguidme.
Seguidme en esta Hora tremenda, en que, como ese Viernes en que todas las fuerzas del demonio se unieron para atormentarme y darme muerte, ahora nuevamente se unen para atormentar y dar muerte a Mi Iglesia – Mi Cuerpo Místico – y así dar muerte a todo cuanto es de Dios.
Satanás nunca ha dejado de anhelar ser adorado. Y lo que veis ahora es su plan de suplantar en todo a vuestro Dios.
Dejo que muestre su plan, que descubra a sus siervos y maquinaciones, para que podáis ver. Para que os deis cuenta de quién es y en dónde se ha inmiscuido.
Hijos, ha infiltrado TODO.
Y cree que lo dominará todo.
Y debo dejar que siga creyendo así, mientras reúno a Mi ejército para destrozar sus obras en la Hora indicada.
Esta es la Hora, hijos.
Os llamo a Mi ejército.
Os hablo y os hablaré, no rechacéis Mi Voz.
Mi Voz tronará y retumbará, y derruirá toda obra de Satanás.
Abrid vuestros ojos y vuestros oídos a estas palabras Mías.
Os habla vuestro Dios.
Os habla desde Su Trono en el Cielo.
Os habla para llamaros y despertaros.
Os habla para consolar vuestro dolor de sentiros abandonados.
OS HABLA VUESTRO DIOS.
Escuchadme, hijos.
Escuchadme.
Vuestro Jesús, +
La Palabra Divina que os habla aquí, ahora.
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[1] Es decir, que estas heridas han sido causadas por nuestras propias decisiones y por el odio de Satanás.



