13 de mayo, 2024
[Este Mensaje fue dictado en inglés y esta es la traducción que la Hermana hizo al español.]
[NOTA: Las notas a pie de página no son dictadas por el Señor. La Hermana las añade. En ocasiones para ayudar a esclarecer para el lector lo que la Hermana percibió referente al sentido de palabras o expresiones, y en otras para transmitir el tono en que el Señor habló]
[María Santísima:]
Escribe, hija Mía.
– ¿Qué escribo?[1]
Que el Triunfo de Mi Inmaculado Corazón está muy cerca.
Mis amados hijos,
Todos vosotros – que fuisteis encomendados a Mi cuidado Maternal por Mi Jesús mientras moría en la Cruz. Desde esa Hora os He llevado a cada uno – a través de todos los tiempos – en Mi Corazón. Desde esa Hora os He amado como Mis hijos. A todos. A cada uno.
Así como el Corazón de Mi Jesús fue traspasado por la lanza, abriendo así las compuertas de la Gracia y Misericordia para todos los hijos de Dios, así Mi Corazón fue traspasado por el dolor y la obediencia de esa Hora – la espada mística que Me abrió el Corazón, permitiendo así que el Amor infinito del Padre, de Mi Hijo, y del Espíritu Santísimo de Dios, Lo ensanchara, haciéndolo capaz de amar y recibir a todos Sus hijos en este nuevo Refugio preparado para ellos – el Refugio que desde ese momento ha estado presente y activo.
Cuánto sois amados, hijos. Cuánto.
Deseo hablaros en este día – el aniversario de Mi primera Aparición a Mis pequeños en Fátima.
Hijos, no hagáis a un lado Mis Palabras – ni éstas ni ninguna de las Palabras que os He dicho a través de los siglos – Palabras que han brotado de Mi Corazón Inmaculado – del Corazón de vuestra Madre – para ayudaros, guiaros, para corregiros, y para advertiros.
Si os hablo, no lo hago por Mi propia cuenta – hablo la Voluntad del Padre para vosotros. Hablo el Amor de Mi Hijo por vosotros. Hablo la Luz Divina que el Santísimo Espíritu de Dios derrama sobre vosotros.
Si os hacéis sordos a Mi Voz, os estáis haciendo sordos a la Voz de la Santísima Trinidad Quien no cesa de hablar, de comunicarse con Sus hijos; Quien – como Fuente Eterna de Vida y Amor – sin cesar derrama Su Misericordia en miríada y miríadas de maneras, continuamente atrayendo a vuestros corazones de regreso al Suyo.
Por medio de Mi ejemplo y de Mis oraciones por vosotros – Mi siempre-presente intercesión por vosotros ante el Trono de Dios – os enseño cómo estar verdaderamente atentos a la acción de la Santísima Trinidad, para que podáis cooperar con Su Acción Divina en cada momento de vuestras vidas.
Benditos aquellos que, haciendo a un lado sus propios criterios, Me permiten formarlos de acuerdo a la Voluntad Divina y el trabajo para el cual cada alma fue creada.
Venid a vuestra Madre, y permitidme quitaros las telarañas de tantos razonamientos inútiles, de tantos pensamientos nocivos y soberbios, de tantas mentiras que el enemigo ha tejido a vuestro alrededor.
¿Cómo podéis ver claramente, si vuestros ojos siguen cubiertos con las escamas de la soberbia y la arrogancia?
Venid a Mí, hijitos, para que Yo os quite estas escamas tercas con Mis lágrimas, y limpie vuestra vista para que veáis el verdadero Rostro de Mi Jesús – el verdadero Rostro del Padre.
Y para que reconozcáis las Señales que os Estamos dando para estos tiempos – para que podáis ver y reconocer el desenvolvimiento del Plan perfecto del Padre, y recibáis humildemente la Gracia que necesitáis para poder tomar vuestro lugar en Mi Ejército para el cumplimiento de este Plan.
Hijos, ésta es la Hora que une a todas las demás Horas – a todas las demás Edades. Cada Hora que le precede con Su Gracia, su propósito y su cumplimiento; cada una preparando la venida de la siguiente Hora. Cada Hora actuando en el momento presente del Plan del Padre, que se extiende desde el principio hasta el fin del tiempo, y lleva a todas las almas y a todos los eventos al cumplimiento de este Plan para Su Gran Gloria y la salvación de todos Sus hijos.
Mis amados hijos, contemplad Conmigo la belleza de este Plan del Corazón del Padre. Contemplad Conmigo su inmensidad, su grandeza, su Sabiduría. Su Justicia y Misericordia.
Mis hijos, abrid vuestros ojos, pero sobre todo, abrid vuestros corazones por medio de la verdadera docilidad, humildad y confianza, para que la Luz del Espíritu Santísimo de Dios os ilumine, y pudiendo ver, podáis cooperar con Su Obra.
Esto es lo que os pido durante estos días del Cenáculo – de este gran Nuevo Cenáculo – en que os uno a Mi Corazón y a las oraciones de todos vuestros hermanos y hermanas, quienes a través de los siglos han pedido Su Venida, quienes han preparado por medio de su Fe y oraciones y ofrendas, vuestra cooperación con Su Gracia, y quienes os dan ánimo en esta la más oscura de las Horas.
Os uno a Mi Corazón, hijos, y os pido que, entrando en el refugio seguro de Mi Corazón por medio de vuestra consagración, vuestro encomendarse a Mí – hagáis un acto de humildad, Fe, y confianza, para que Yo os muestre la Verdad – para que Yo la ponga en el centro de vuestro ser, como la Joya de valor incalculable, el Ancla que necesitáis en estos tiempos de confusión y de mentiras del enemigo, pero llenos hasta rebosar del Misterio de la Acción Divina que se despliega ante vosotros.
Mis hijos, el Plan del Padre está activo en todas partes y en todo tiempo, realizando el bien eterno de todos Sus hijos.
¿Quién puede limitar Su Acción? ¿Quién puede decir: “Dios nunca haría eso”? ¿Quién – desde tan limitada, oscurecida, falible, minúscula mente – puede decir a Aquel que Es, a Aquel Quien creó todo cuanto es, a Aquel que conoce y ve cada movimiento de cada corazón – quién se atreve a decirle, “No puedes hacer esto”?
Mis hijos, Mis hijos – silencio.
Silencio ante el Misterio de Dios.
El silencio amoroso y confiado que es el acto filial de adoración al Padre – reconociendo que Él es vuestro Dios. Y que sois Su creatura, Su hijo, creado por Su Voluntad.
Silencio ante Su Voluntad Perfecta – que es el acto perfecto de obediencia, que no cuestiona, no duda. “Dios sabe porqué.”
El tres veces santo Silencio que hace humilde al alma, que la embellece y la hace capaz de recibir la Luz Divina.
El Silencio, hijos, que nace de la FE sencilla, verdadera, viva.
Mis hijos amados, considerad todas las veces en que He sido enviada a vosotros para advertiros y para traeros la Luz de Dios para que veáis la realidad que os rodea como Dios la ve. CUÁNTAS VECES, HIJOS.
Y CUAN POCO SE ME HA HECHO CASO – IGNORADA Y AÚN BURLADA POR LA ARROGANCIA DE TANTOS DE MIS HIJOS CIEGOS, BLOQUEANDO ASÍ TORRENTES DE GRACIA QUE HABRÍAN DESCENDIDO DEL CIELO PARA AYUDAR A MIS HIJOS.
Las acciones tienen consecuencias, hijos Míos. Y el hacer a un lado, el despreciar Nuestros Dones tiene tremendas consecuencias no sólo para el alma que las rechaza, sino para todo el mundo.
¿No habéis entendido aún que cada vez que un alma rechaza Nuestra Gracia, afecta a todos Nuestros hijos?
¿Y que cada vez que una sola alma responde a Nuestra Gracia, obedece la Voluntad del Padre, podemos derramar ríos de Gracia sobre todos Nuestros hijos?
¿Veis cuán importante es entonces vuestro recibir o no recibir Nuestros Dones, Nuestra Gracia?
Mi amado Ejército, ¿empezáis a comprender ahora qué es lo que necesito de vosotros para dirigiros a la batalla? [sonrisa suave] ¿Comprendéis cómo es que lucháis? ¿Cómo es que Me ayudáis a reconquistar a los corazones de vuestros hermanos y hermanas?
ES POR MEDIO DE VUESTRA FE – LA FE VIVA DE NIÑOS – Y POR MEDIO DE VUESTRO ABANDONO A LA VOLUNTAD PERFECTA DEL PADRE.
¿Y empezáis también a comprender entonces cuál es el más grande obstáculo a Nuestro Plan?
Es la FALTA DE FE horrenda que produce desprecio a Nuestras Cosas, a Nuestras Palabras, a Nuestras Acciones, y que nace de la semilla de la soberbia, plantada por el enemigo y alimentada por la arrogancia y el temor.
Y cómo ha caído esta semilla de soberbia en tantas almas de Mis hijos Sacerdotes y Consagrados, encontrando tierra fértil, haciendo de estas almas zarzas de espinas y fruto amargo irreconocibles, inútiles – completamente inútiles para Nuestro Plan.[2]
¿Comprendéis ahora porqué es necesario el Fuego que caerá del Cielo para consumir a todas estas zarzas y liberar a Mis hijos de la corrupción de la soberbia?
[Suspiro] Hijos Míos, es por esto que os pido que vengáis a Mí, que entréis en el refugio de Mi Corazón, que humilléis vuestro corazón y vuestra mente ante los Misterios Divinos – y que Me dejéis limpiar vuestros ojos y corazones, para que podáis recibir la plenitud de la Luz del Espíritu Santísimo de Dios, y podáis ver como Él ve, y pudiendo ver, podáis cooperar con Su Plan.
Mis hijos, os He dicho que Su Plan se extiende desde principio a fin del tiempo, desde un confín del mundo al otro.
Considerad, entonces, que todas Nuestras Obras no pueden ser contenidas ni limitadas por razonamientos o consideraciones humanas.
Mis hijos, cuánto me aflige cuando tratáis de poner límites a Nuestras Obras. Cuantos obstáculos innecesarios ponéis con tales razonamientos en los caminos de Mis pequeños que creen con Fe de niños que Nuestro Dios puede hacer lo que Él quiere, cuando Él quiera, y como Él quiera – ÉL ES DIOS.
CUÁNTO DOLOR se ha causado a Mis pequeños Mensajeros, a las “voces” a quienes se les ha encomendado Nuestra Voz, el transmitiros Nuestras Palabras.
CUÁNTO SE LES HA HECHO SUFRIR – POR LOS INCRÉDULOS Y SOBERBIOS, ESPECIALMENTE ENTRE AQUELLOS DE QUIENES DEBIERAN RECIBIR LA MAYOR AYUDA – SACERDOTES Y ALMAS CONSAGRADAS.
NO OLVIDO SU DOLOR. Ni las humillaciones – ahora su Gloria – a las que fueron sometidas.
Mi Melania y Maximino; Mi Lucia, Jacinta y Francisco; Mi Bernadette; Mi Conchita, Mari Cruz, Mari Loli, y Mi otra Jacinta [sonrisa].[3]
Mis amados hijos e hijas en Medjugorje, que aún Me reciben y dan testimonio de la Misión encomendada a ellos.
Y Mis amados hijos en Kibeho – que dieron sus vidas en sangrientas muertes por amor a Mí y a Mi Jesús. [4]
Y cuántos más, cuyos nombres están grabados en Mi Corazón por su fidelidad y obediencia y su resistencia. CUÁNTO LOS AMO. Y cuánto Me duele el verlos vilipendiados.
¿No veis que es MI VOZ que les habla, a través de los tiempos? Y que esta VOZ contiene la VOZ de la Santísima Trinidad, y que esta VOZ es AMOR y MISERICORDIA? Y que si estuviereis atentos a Ella, percibiríais el DIVINO MISTERIO DE DIOS actuando en ese momento, en ese lugar, por vosotros, para el cumplimiento de la Voluntad del Padre en ese momento.
Cada Acción Divina tiene efectos eternos – no se puede limitar nunca a un solo tiempo/momento – sus efectos se sienten, continúan produciendo frutos de vida eterna.
Pero cada una de estas Acciones Divinas se dan en un momento preciso, por una razón precisa, hijos Míos, y debierais recibirlas como tales – como ayudas enviadas a vosotros en ese momento, para ese momento.
Hijos Míos, si el Padre manda Sus Dones, Su Acción, ¿no mandará también Su Luz para que sepáis que es Él Quien está actuando?
Si estáis unidos a Él por la Gracia, por vuestra Fe y humildad, si conocéis Su Voz y Su Corazón, ¿no reconoceréis Su Voz y Su Acción? Y, reconociendo al Padre, ¿no se os dará luz también para reconocer los engaños de la Serpiente Antigua, el Mono eterno, que en su soberbia hace burla de todas las obras de Dios?
Venid a Mí, Mis pequeños, si deseáis conocer al Corazón del Padre, si deseáis reconocer Su Voz, ya hable en silencio, en acción, o por medio de Sus Mensajeros.
En Mi Corazón encontraréis al Corazón de Mi Jesús, que es Uno con el Padre. La Santísima Trinidad Ha hecho a Mi Corazón vuestro Refugio, lugar seguro en donde podéis encontrar, y conocer, y amar al Padre, al Hijo, y a Su Santísimo Espíritu.
Mis pequeños, el Plan del Padre está en marcha.
No tengáis miedo, no os desesperéis.
Mi Ejército se está reuniendo; Yo os Estoy uniendo día con día, [y] os sigo formando, mostrándoos qué es lo que requerimos de vosotros, cómo es que cooperáis en Nuestra Reconquista.
En cada una de Mis visitas He pedido la respuesta que era necesaria de parte de Mis hijos y de Mi Iglesia en ese momento – para permitir que el Plan del Padre se cumpliera en ese momento, para evitar sufrimiento innecesario.
Lo que os pido ahora – lo que se necesita de vuestra parte ahora– es vuestra FE, CONFIANZA, ABANDONO y HUMILDAD – el verdadero Silencio del corazón atento, listo para recibir la orden de su Capitán para luchar en la Gran Reconquista.
¿CÓMO PODÉIS ACTUAR Y LUCHAR SI NO SABÉIS QUÉ ES LO QUE SE OS ESTÁ PIDIENDO? ¿Y CÓMO PODÉIS SABER LO QUE SE OS PIDE, CUÁL ES LA ORDEN, SI NO ESTÁIS ATENTOS A LA VOZ DE VUESTRO CAPITÁN?
¿Y CÓMO PODÉIS ESCUCHAR LA VOZ DE VUESTRO CAPITÁN SI NO SILENCIÁIS VUESTROS PENSAMIENTOS – VUESTRA PROPIA VOZ – VUESTROS CRITERIOS, VUESTRA VOLUNTAD?
¿Y CÓMO PODÉIS SILENCIAR VUESTRA MENTE, VOLUNTAD Y CORAZÓN SI NO CREÉIS?
Hijos Míos, LO QUE OS PIDO ES VUESTRA FE. VUESTRA HUMILDAD. VUESTRA OBEDIENCIA. VUESTRA CONFIANZA.
Venid, hijos, y juntos postrémonos ante el Padre de Misericordias, ante AQUEL QUE ES, y Conmigo, ofrecedle vuestro amor, vuestra adoración; y junto Conmigo decid: “Padre, que se cumpla Tu Voluntad en mí y en todas Tus creaturas. Heme aquí, Señor, para hacer Tu Voluntad, para amarte y servirte por toda la eternidad.”
Mis hijitos, os bendigo con Mi Bendición Maternal. Os abrazo a Mi Corazón en estos días del gran Cenáculo – el tiempo en que reúno a todos Mis hijos, a toda la Iglesia, en Mi Corazón, en este santo Refugio preparado para vosotros – mientras se acerca la Hora en que la Luz Divina se derramará, caerá como un trueno sobre todo cuanto es para mostrar una vez más la VERDAD.
No tengáis miedo, permaneced en Mí. Permaneced en Mi Hijo, bajo el refugio de Su Sangre, tras el Escudo de Su Cruz.
Mis amados… [sonrisa] …os amo.
Os bendigo, y bendigo a vuestras familias. Encomendádmelas y no temáis.
Amén. Él viene.
A Él sea dada toda la Gloria y Adoración y Gratitud y Alabanza por todos los siglos.
A AQUEL QUE ES, QUE ERA, Y QUE HA DE VENIR,
AL PADRE TODOPODEROSO,
AL HIJO SANTÍSIMO,
AL SANTÍSIMO ESPÍRITU DE DIOS –
QUIEN DA ALIENTO A TODO LO QUE EXISTE –
A ÉL LE ADORE, Y AME, Y OBEDEZCA TODO CORAZÓN.
AMÉN.
Vuestra Madre del Cielo Quien os lleva de la mano,
María Santísima,
Reina de todos los Ángeles, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia,
Quien os ama y os protege.
[1] En ciertas ocasiones, como en este Mensaje, cuando se me da esta orden: “Escribe, hija Mía”, el alma percibe de inmediato la seriedad y solemnidad del tono con que se da y por eso responde sin pensar: “Qué he de escribir?” – palabras que me parecen expresar la actitud del alma de estar particularmente atenta a lo que se va a decir, como si este acto de especial atención y obediencia fuese necesario de mi parte antes de que el dictado inicie. Y percibo que lo que dicen en seguida – por lo general una frase corta – es de gran importancia y solemnidad. Tienen un peso distinto de Sus otras palabras.
[2] Entendí que, aunque es especialmente dañino cuando las almas de los Sacerdotes y religiosos caen en la soberbia, que este espíritu de soberbia se ha extendido a muchas, muchas almas, matando en ellas la Fe sencilla, permitiendo que el espíritu de impiedad se extienda amplia y profundamente. “Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Lucas 18,7-8)
[3] María Santísima está confirmando Sus Apariciones – y a aquellos que las recibieron – en LaSalette (1846), Fátima (1917), Lourdes (1858), Garabandal (1961-1965), Medjugorje (1981-presente), Kibeho (1981-1989). Percibí que aunque Ella menciona a éstas en particular, está incluyendo también a Sus otras Apariciones “menores” por todo el mundo en estos tiempos – y son muchas.
[4] Al transcribir estos párrafos pensé en qué variado es el testimonio requerido de todos estos “mensajeros”. A unos se les pidió ofrecer sus vidas siendo aún niños, soportando enfermedades dolorosas; a otros se les pidió entrar en la vida religiosa; a otros que, viviendo una vida ‘normal’ en el mundo, esperen y esperen y esperen el cumplimiento de los eventos que se les anunció. A otros se les ha pedido el soportar la completa y constante invasión de su privacidad; a otros dar su vida en martirio de sangre; a otros ofrecer el martirio blanco de una vida de constantes humillaciones, malos entendidos, soledad. Pero todos han tenido que pasar por las tremendas pruebas de la Fe. Me parece que hay en esta variedad de testimonios una gran lección – que aunque la experiencia de recibir una Aparición es muy similar, lo que después es requerido de cada persona puede ser muy diferente entre sí.
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