5 de Agosto, 2024
Dios Padre. Yo Renovaré a Mi Creación
(Dictado en español.) (NOTA: Las notas a pie de página no son dictadas por el Señor. La Hermana las añade. En ocasiones para ayudar a esclarecer para el lector lo que la Hermana percibió referente al sentido de palabras o expresiones, y en otras para transmitir el tono en que el Señor o María Santísima hablaron.)
Hijos Míos,
Soy vuestro Padre que os habla desde Mi Trono en el Cielo, en donde moro y a donde os llamo a que regreséis a Mí.
Soy vuestro Padre, que os ama, que dándoos la existencia os llena de Su Gracia para que recibáis Mi Amor, Mi Luz, Mi Querer, y que al unir vuestro querer al Mío, os transforma en verdaderos hijos de Mi Corazón, como Mi Jesús.[1]
Soy vuestro Padre que os forma – en el dolor, en las vicisitudes del diario vivir, y en las pruebas de la situación actual, para que crezcáis y maduréis en Mi Camino, en Mi Voluntad. Para que seáis Mis colaboradores en esta gran Obra de la Reconquista de los corazones de todos Mis hijos, y la renovación de Mi Iglesia, diezmada ahora por las fuerzas de la oscuridad que se han infiltrado en Ella.
La Iglesia que Yo formé en Mi Voluntad para ser Luz para las naciones, Hogar para Mis hijos, Refugio para Mis pequeñuelos, Fuente de Sabiduría y de Paz para Mis hijos y para el mundo entero. Para ser el canal y distribuidora de Mi Gracia, el Baluarte de la Verdad y de todos los dones concedidos a la humanidad.
Pero ahora, hijos Míos, con cuánto dolor y asco miro la infestación demoniaca que se ha ido apoderando, dominando, oscureciendo, y destruyendo a Mi bella Iglesia, el Cuerpo Místico de Mi Jesús.
Con cuánto Amor, fidelidad, obediencia – hasta el derramamiento de la Sangre Sacratísima del Verbo hecho Carne – se fundó, se creó, esta Iglesia, este Cuerpo Santo para bien de toda Mi creación.
Considerad cuál – Quién – es su Fundamento, la Roca Eterna sobre la que está cimentada. Considerad su origen Divino.
Y ahora mirad cuánto se ha alejado de este Cimiento Sagrado.
Hijos, sabéis bien lo que sucede a un edificio en que los muros y columnas se separan del cimiento. No es capaz de permanecer en pie, y fácilmente se derruye.
Hijos, Mi Iglesia está cautiva.
Os lo vuelvo a decir: Mi Iglesia, que Yo formé para bien de Mis hijos, está en el cautiverio.
SÓLO YO PUEDO LIBERARLA.
SÓLO YO PUEDO RESUCITARLA.
SÓLO YO.
Hijos, veis con horror y dolor cómo se Me desprecia, insulta, con aparente impunidad. Veis cómo paso a paso, día con día, crece la degradación de Mis hijos, la degradación de Mi Iglesia. Veis cómo en vez de hacer brillar Mi Luz y Mi Verdad, se comunica tan sólo oscuridad, confusión, terror.
El terror de la falta de Fe que lo ha contaminado todo. Y que tantos, hijos, NO QUIEREN VER NI ACEPTAR, y tapándose los ojos y los oídos, no ven Mis Señales ni escuchan Mis Palabras.
Hijos Míos,
Lo que veis ahora en ruinas, YO LO RECONSTRUIRÉ.
Lo que veis ahora contaminado, distorsionado, YO LO PURIFICARÉ y ACLARARÉ.
Lo que veis herido, YO LO SANARÉ.
Lo que veis lleno de oscuridad, YO LO LLENARÉ DE LUZ DE TAL INTENSIDAD QUE LA OSCURIDAD HUIRÁ POR COMPLETO.
Lo que ha sido traicionado, YO LO REINVIDICARÉ.
Lo que ha sido dispersado, YO LO REUNIRÉ.
Lo que ha sido blasfemado, insultado, YO LO SANTIFICARÉ y EMBELLECERÉ.
YO, HIJOS.
YO, vuestro Padre y Señor haré esto.
Por Mi Nombre. Por Mi Honra. Por Mi Gloria.
Lo dicho por medio de Mis Profetas se cumplirá. Hasta la última Palabra, hasta la última coma.
TODO SE CUMPLIRÁ.
La Palabra de vuestro Padre es Eterna, Viva y Eficaz. Y así como Mi Palabra Viva, Mi Verbo, Ha cumplido por entero Mi Voluntad, el trabajo para el que Yo lo envié, así cada Palabra Mía tendrá su cumplimiento y su efecto.[2]
Guardad Mis Palabras en vuestro corazón, recibidlas y dejad que echen raíz.[3]
En Ellas Me recibís a MÍ.
Hijos, no temáis – Mi Jesús os ha dicho que Me complace concederos Mi Reino[4], y os ha mostrado Su Corazón – la intensidad de Su Amor por Mi y por vosotros – al deciros que con el testimonio de Su Muerte y Resurrección pide para vosotros el mismo Amor con que Yo Le amo, para vosotros.[5]
¿COMPRENDÉIS LO QUE ESTO SIGNIFICA, HIJOS?
¿LA MAGNITID DE SU SACRIFICIO PARA OBTENEROS TAL MAGNITUD DE AMOR?
PERMANECED EN ESTE AMOR, HIJOS.
NO PERMITÁIS QUE SEA PROFANADO POR LAS MENTIRAS DE SATANÁS – Ni en vuestras mentes, ni en vuestros corazones, ni en vuestros hogares, ni en Mi Iglesia, ni en el mundo.
Vuestra Fe es el escudo puesto alrededor de este AMOR para protegerlo.
¿VÉIS LO QUE SUCEDE CUANDO MUERE LA FE?
Hijos, permito que el mal, que la baba satánica de la mentira se manifieste para que la veáis, para que sepáis a lo que os enfrentáis, para que Mis hijos abran sus ojos a la Verdad.
Hijos, lo que veis que sucede ahora es un paso. NO TEMÁIS. Mi Plan prosigue, y NADA puede detenerlo.
NO TEMÁIS.
Soy vuestro PADRE y vosotros sois Mis HIJOS, por quienes He hecho maravillas y por quienes haré maravillas aún mayores.
PERMANECED EN MI AMOR.
FIRMES. EN PAZ.
TODO ESTÁ EN MIS MANOS.
YO ACTUARÉ, HIJOS.
YO CUMPLIRÉ LO PROMETIDO.
Y RENOVARÉ A MI CREACIÓN.[6]
ALZAD Y FIJAD VUESTRA MIRADA EN MÍ.
NO TEMÁIS.
OS BENDIGO, HIJOS, a vosotros que Me habéis escuchado, y por medio de vosotros a vuestras familias. Ponedlos en Mis Manos y confiad en Mí.
OS DOY MI PAZ, para ahuyentar cualquier duda, cualquier falta de Fe, cualquier mentira que quiera adherirse a vuestro ser.
AMÉN. VENGO PRONTO.
A dar a cada quién lo que corresponde a sus acciones
y a su respuesta a Mi Gracia.
Nadie se burla de vuestro Dios.
NADIE.
AMÉN.
[1] “Si guardáis Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor, como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre, y permanezco en Su Amor.” (Jn 15, 10)
[2] “Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a Tu Hijo, para que Tu Hijo te glorifique a Ti…Yo Te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.” (Jn 17, 1-4)
[3] “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por Ella, y el mundo no la conoció. Vino a Su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en Su Nombre.” (Jn 1, 9-12)
[4] «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.
(Lc 12:32)
[5] “Padre, los que Tú me has dado, quiero que donde Yo esté estén también Conmigo, para que contemplan Mi gloria, la que Me has dado, porque Me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no Te ha conocido, pero Yo Te he conocido y éstos han conocido que Tú Me has enviado. Yo les he dado a conocer Tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú Me has amado esté en ellos y Yo en ellos.”
(Jn 17, 24-26)
Para mí, la oración de Jesús al Padre antes de Su Agonía (Jn 17) es en donde más claramente podemos vislumbrar Su amor al Padre y a nosotros – es una oración tan íntima, tan poderosa, tan…imposible de poner en palabras todo lo que contiene. Si el Evangelio es como la síntesis y culmen de todas las Sagradas Escrituras, y las palabras de Jesús en la Última Cena (Jn 14-16) son Su Testamento y síntesis de Su Misión, Su oración al Padre nos muestra el origen, la motivación, de todo cuanto Ha dicho y hecho, y es lo que nos da la verdadera Luz para entender todo el Evangelio y todas las Sagradas Escrituras. Y algo que pudiera pasar por desapercibido es que nos han permitido escuchar esta oración – como esperanza, consuelo, sanación. Ayuda tanto leer las palabras de esta oración, son un bálsamo.
[6] Este escrito me fue dictado muy de madrugada, y no había visto aún las lecturas para la Misa del día. Cuando revisé el Misal me di cuenta que era la Memoria opcional de Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, y que había lecturas propias para la memoria. La primera lectura en particular me pareció como una confirmación de este escrito. (Frecuentemente las lecturas del día o del día después de recibir un escrito me parecen confirmar el contenido del escrito.)
“Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía. También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía:
‘Ésta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios y ellos serán Su pueblo. Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo, ni penas ni llantos, porque ya todo lo antiguo terminó’.
Entonces el que estaba sentado en el Trono, dijo: “Ahora Yo voy a hacer nuevas todas las cosas’”. (Apocalipsis 21, 1-5)
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