15 de agosto, 2024[1]
María Santísima. La Ciudadela de Mi Corazón.
(Dictado en español.) (NOTA: Las notas a pie de página no son dictadas por el Señor. La Hermana las añade. En ocasiones para ayudar a esclarecer para el lector lo que la Hermana percibió referente al sentido de palabras o expresiones, y en otras para transmitir el tono en que el Señor o María Santísima hablaron.)
Hijos Míos,
Vuestra Madre os habla desde el Cielo al que os llama, al que os guía, al que os recuerda para que no perdáis vuestro camino ni se entristezca vuestro corazón al sentiros solos.[2]
Os llamo a Mi Corazón, al Refugio creado por el Padre para vosotros, para estos tiempos.
Hijitos de Mi Corazón, [sonrisa] con cuánto Amor os miro, y os agradezco cada muestra de vuestro cariño, de vuestro amor por Mí, cuánto Me consoláis.
Recojo vuestras ofrendas de Amor y de desagravio y de reparación al Corazón Herido del Padre, y las uno a Mi Ofrenda y a la Ofrenda de Mi Jesús.
Gracias, hijos, por estas ofrendas de reparación ante tanto odio a Aquel que es Amor.
En especial en este día os agradezco a vosotros, hijos Míos predilectos, Sacerdotes de Mi Jesús – conozco vuestros esfuerzos, veo vuestras humillaciones y sufrimientos, veo a Mi Jesús en Su Trono en vuestros corazones y Me regocijo en vuestra fidelidad y Amor.
Y veo cuánto cansancio y desánimo lleváis – carga pesadísima – al ver la devastación de todo lo creado por el Padre.
Hijitos Míos, venid y recobrad fuerzas en Mi Amor, venid y traedme todo el sufrir de Mis hijos, venid y unid vuestro corazón al Mío, y cuales pequeñuelos, venid y descansad sobre Mi Corazón.
Os bendigo, hijos Míos. Ánimo. No trabajáis solos, no trabajáis en vano. Cada oración, cada trabajo tendrá su fruto.
Estaos a Mi lado, no os separéis de Mi, y os guiaré siempre a la Voluntad del Padre, en especial cuando la niebla de la oscuridad y del pecado se hace más espesa y horrenda. Dejad que os guíe, y de Mi Mano, podréis guiar a Mis hijos, alimentarlos, sanarlos.
IN PERSONA CHRISTI, hijos. En todo tiempo, en toda circunstancia.
Me tenéis como Mi Jesús Me tuvo a Su lado – en todo momento.
IN PERSONA CHRISTI.
Cuántos de vuestros hermanos han olvidado estas breves palabras – pero esenciales – en vuestra vida Sacerdotal. Sin ellas no hay Sacerdocio, hijos. Todo en Jesús. Todo por medio de Jesús. Todo con Jesús.
JESÚS, JESÚS, JESÚS.
Su Persona. Su Corazón. Su Cuerpo y Su Sangre. Su Rostro. Su Ofrenda. Sus Llagas. Su Nombre. Su Obediencia absoluta a la Voluntad del Padre.
Estas son vuestras “armas” para reconquistar a los corazones de Mis hijos que os Hemos confiado.
PERMANECED EN ÉL, hijos.
Sabéis los tiempos, hijos. Sabéis lo que Hemos anunciado. Sabéis las consecuencias ante tanta ofensa al Padre. Sabéis el poder de Nuestro enemigo y de su ejército, extendido por todo el mundo y en todo ámbito de vuestras vidas. Sabéis la confusión tan tremenda que hay y que rodea a todo, y en particular a Mi Iglesia.
Hijos, estad alerta para que podáis mantener alertas a Mis hijos.
Os Hemos dicho que la silla de Pedro y de los Apóstoles han sido usurpadas.
La Iglesia está sitiada, hijos.
—
Rodeada por las fuerzas de Satanás, y cual ciudad cuyos muros han sido derribados, no hay refugio seguro más que en la Ciudadela.
Mi Corazón es la Ciudadela, la Torre, el Baluarte, en donde hay refugio seguro, paz, Luz, consuelo; en donde brilla la Verdad sin mengua alguna, en donde se forman y fortalecen los soldados de Mi Hijo, listos para salir y luchar cuando sea la Hora, cuando suene la Trompeta.
Entrad y traed con vosotros, en vuestros corazones, a todos Mis hijos.
Venid, hijos, entrad en el Refugio preparado para vosotros.
Así como tras la muerte de Mi Jesús, los Apóstoles y discípulos quedaron dispersos, ahora Mis hijos están dispersos, llenos de miedo y confusión.
Y así como en esa Hora – la Hora de Mi Ofrenda en el dolor y en la espera aplastante – llamé y reuní a Mi alrededor a las ovejas dispersas de Mi Jesús y a aquellos llamados a ser sus pastores, así en esta Hora tremenda reúno a Mis hijos y a Mis hijos-Sacerdotes en Mi Corazón, a Mi alrededor, y os doy Luz, esperanza, y la certeza de la venida de Mi Jesús y de Su Victoria – la intervención directa del Padre para renovar y reconquistar a Su Creación.
Y así como nuevamente reuní a los Apóstoles a Mi alrededor, en oración para implorar y preparar la venida del Espíritu Santísimo de Dios – el Espíritu de la Verdad y de la Luz – así ahora os vuelvo a reunir, hijos Míos predilectos, Sacerdotes Míos, para que imploréis Conmigo la nueva venida – el nuevo Pentecostés que restaurará todo cuanto es a su estado original.
Estaos Conmigo en Paz y Esperanza.
Os necesito Conmigo, hijos, para juntos reunir a los dispersos por la confusión y por el miedo y traerlos al redil de Mi Jesús.
Yo os daré Luz en vuestras situaciones particulares.
Vengo a vosotros como el amanecer, [sonrisa] tras una larga noche de tormenta.
Cada uno Me sois necesarios.
Cada uno tenéis Mi Amor particular.
Mi Rostro, Mi Nombre, Mi Amor, son vuestra protección ante todo ataque a vuestro Sacerdocio, al rebaño encomendado a vuestro cuidado.
Vuestra Madre os acompaña y bendice. Vuestra Reina os agradece y os llama. Respirad Mi Amor para que tengáis la claridad de Dios en vuestro corazón. Os bendigo, hijos de Mi Corazón, y bendigo a Nuestros pequeñitos a quienes pastoreáis.
Hijos Míos todos,
Orad por Mis Sacerdotes, orad por vuestros hermanos llamados a tal sacrificio y a tal responsabilidad.
[sonrisa] Gracias, hijos.
—
Hijos Míos que lleváis la Palia Apostólica[3], es Hora hijos, de poneros en pie, como San Miguel – Mi Arcángel amadísimo – lo hizo: “¡Quién como Dios!”
Poneos de pie a Mi lado, bajo Mi Manto. Que los hijos de Dios os vean y reconozcan en vosotros a Mi Jesús.[4]
Es Hora, hijos.
No temáis, Estoy a vuestro lado.
Y todos vuestros hermanos, que fielmente cargaron y defendieron y murieron por la Verdad[5], se levantan y os acompañan en espíritu en esta Hora tremenda, en que cada aspecto de la Verdad es mofada, distorsionada, atacada.
NO ESTÁIS SOLOS.
¿A Quién pertenecéis?
Recibid la Luz que os doy, para que al mirar como Yo miro, podáis entender Mi Corazón y podáis poneros en pie.
Sé, hijos, lo que os pido.[6]
Pero os lo pido en el Nombre de Mi Jesús.
Os lo pido por Amor al Padre.
Os lo pido en la Luz Plena del Espíritu Santísimo que descendió sobre vosotros para ungiros y haceros Altares santos de la Ofrenda perfecta de Mi Jesús.
IN PERSONA CHRISTI, hijos Míos.
Comprendo vuestros cuestionamientos, dudas, inseguridad ante la confusión. Y por eso vengo a vosotros, por eso os llamo y os hablo, Mis pequeños, por eso vuestra Madre se compadece y os ayuda a ver, a alzar la vista Conmigo y a ver como ve el Cielo, y ver lo que se avecina – tanto el horror como la Esperanza – y así poder reunir a Nuestros hijos en Mi Corazón, en la Ciudadela Santa y Segura.
Hijos, miradme y no temáis.[7] [sonrisa suave]
Os miro a todos – a Mi pequeño gran Ejército y Me llenáis de gozo. Vuestra respuesta a Mi llamado, vuestra obediencia al Querer del Padre, vuestro Amor y vuestra caridad a vuestros hermanos envueltos en la oscuridad.
Dadme vuestras sonrisas, hijitos Míos, pues cuánto se encierra en estas sonrisas ofrecidas en medio de la gran batalla.[8] Yo lo tomo todo.
Estaos en Paz, rebañito Mío.
Yo os guiaré a cada paso.
Recordad que la Luz de Dios es infinitamente mayor que la más profunda oscuridad. Grabaos esta Verdad y no la olvidéis.
Toda otra “luz” se apaga, mas la Luz de Dios permanece viva, fuerte, eterna, hermosa.
Hermosísima, hijos, no imagináis. [sonrisa]
Os traigo destellos, rayitos, de esta Luz infinita para que podáis sobrevivir, pero la plenitud de esta Luz – que un día os rodeará por completo – os recompensará todo, os sanará toda herida.
Recordad que esta Luz os espera. [sonrisa]
Os bendigo, pequeñuelos Míos.
A cada uno. Os dejo Mi Amor y Mi Luz: a Mi Jesús.
Decid Conmigo, hijos:
“Sea bendito y alabado, en cada instante y en cada lugar,
el Santo Nombre de Jesús. Su Sacratísimo Corazón. Su Preciosísima Sangre.
Y Su Cruz sea nuestro refugio y salvación. Jesús, Jesús, Jesús.”
Estaos en Paz. Estaos en Mi Corazón.
Vuestra Madre que os ama tantísimo,
María Santísima,
Reina del Cielo y de la Tierra, y Refugio de todos los hijos de Dios.
[1] Este escrito se empezó durante la Hora Santa pública para la Fiesta de la Asunción, se continuó durante la Hora Santa del día siguiente y se concluyó esa noche. Han sido unos días de muchas interrupciones y obligaciones y mucho cansancio, por eso pienso que se dictó en partes. He puesto unos pequeños guiones para mostrar las diferentes partes.
[2] Percibí en este escrito que Ella estaba contenta, viendo a Sus hijos que le han respondido, que la aman. Cuánta ternura. Muchas veces está triste, pero en esta ocasión percibí como una alegría suave, como una Madre que se conmueve al ver el amor de Sus hijos.
[3] La palia es una vestimenta litúrgica usada exclusivamente por los Arzobispos (Metropolitanos) y que es conferida por la Santa Sede como signo de su autoridad sobre una provincial eclesiástica. María Santísima está hablando aquí directamente a los Arzobispos. Siento que les pide a ellos primero que se pongan de pie, para apoyar y permitir así que los Sacerdotes también se pongan de pie.
[4] Hoy se habla mucho de “ser como Jesús”. A menudo se entiende en un sentido parcial, por ejemplo, el ser caritativos con los pobres o luchar por la justicia, que son formas buenas, pero limitadas, de ser como Él. (Una interpretación mucho más problemática, pero cada vez más extendida, es el sentido de aceptar e incluso justificar el pecado por un falso sentido de caridad – una manera totalmente falsa de “ser como Jesús”). Sin embargo, la esencia de “ser como Jesús”, de imitarlo en su Misión de Redentor, es hacer y decir exclusivamente – como Él mismo hizo – todo cuanto el Padre pide que se diga y se haga.
[5] Cuando dijo estas palabras percibí a un gran número de hombres cargando como si fueran escudos, muy sólidos, fuertes, y sobre estos escudos las palabras del Credo. No es algo que veo con los ojos, sino es una percepción interior que no sé cómo se comunica, pues no es a través de los sentidos, sin embargo, no deja de ser algo real.
[6] Dicho con mucha seriedad y solemnidad – como si se abriera un panorama frente a Ella y estuviese mirando de todas las consecuencias y sufrimientos que este ponerse de pie implica. Difícil de poner en palabras. Y a la vez con una comprensión y compasión infinitas…Palabras breves pero llenísimas.
[7] Cuánta ternura en estas palabras – cual caricia.
[8] La sonrisa que nace de la confianza, de la Fe, de la certeza de la Victoria y de la cercanía de Su Presencia y de Su Amor. La sonrisa enviada al Cielo en medio del dolor, del miedo, de la confusión, que se transforma en unión con Dios, y que es como una bofetada dada al enemigo, quien hace todo lo posible por que sólo nos miremos a nosotros mismos y a la oscuridad con que nos trata de rodear, para que caigamos en la soberbia, el miedo, y la desesperación. Por eso, al decirnos María Santísima que le sonriamos es para ayudarnos a sólo mirar al Cielo y a la Luz. Cuando sólo nos miramos a nosotros mismos, a la oscuridad, dejamos de sonreír y nos envuelve la tiniebla. Y Ella nos ayuda a salir de este gran peligro por medio de algo tan sencillo como una sonrisa. ¡Impresionante!
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