21 de Marzo, 201
[Dictado de Jesus en español]
Mi Florecita,
Escribe – quiero hablaros sobre la Obediencia, tan poco entendida en estos tiempos.
La Obediencia es uno de los pilares de la gran Obra de la Salvación.
Es la restitución que se ofrece por amor al Padre, para consolar, para reparar la terrible desobediencia de Lucifer y de Adán y Eva.
La Obediencia es una ofrenda de Amor que está unida inseparablemente a la Fe y a la Humildad, que son los cimientos de la verdadera unión con vuestro Padre en el Amor.
Unos ven a la obediencia como un servilismo, como una afrenta a la libertad. Otros ven a la obediencia como un fin, anulando la propia responsabilidad y respuesta a la Voluntad del Padre, obedeciendo a la voluntad imperfecta de una creatura limitada e imperfecta.
La verdadera Obediencia es libertad, porque lleva al cumplimiento de la Voluntad del Padre, que sólo es Amor y bien para Su creatura, para Sus hijos.
La Obediencia lleva al orden, al orden que Yo establecí.
Pero hijos, hay una diferencia extrema entre la obediencia a los hombres y la obediencia a Mí.
La obediencia humana se establece para proteger y guiar a la obediencia a Dios. Siempre.
Una debe predisponer a la otra. La inferior a la mayor. No al revés, como tantas veces sucede.
¿De Quién viene toda autoridad? ¿De Quién procede? De Mí, vuestro Dios y Señor, soberano de TODO.
No hay autoridad mayor a la Mía.
Mientras Yo no ordene algo diverso, se sigue el orden humano, por medio de la obediencia a los superiores legítimos.
Pero Yo puedo y pido otras obediencias, directas a Mí, cuando doy misiones particulares o pido a alguien comunicar Mis Palabras a Mis hijos.
Yo Soy Dios y puedo hacer lo que Yo QUIERO.
Todo lo que Yo he establecido en Mi Iglesia está dirigido al cumplimiento de Mi Voluntad, de Mis planes en bien de Mis hijos, y hago uso de ello ordinariamente.
Pero precisamente en el seguimiento de estos Planes Míos, pido otras obediencias, que en apariencia se “salen” de lo establecido, pero que en realidad son parte del mismo Plan, de Mi mismo Querer.
Si Mis hijos Me escucharan más atentamente, podrían reconocer estas instancias con claridad, como algunos de Mis Sacerdotes del Templo lo pudieron hacer, reconociendo en Mí – el desconocido Carpintero de Nazaret – una Misión muy diversa venida de Dios, aunque en apariencia tan opuesta a lo conocido hasta ese momento de la Fe dada a Abraham y Moisés.
Hijos, Yo, vuestro Jesús, obedecí siempre al Padre, a Nuestro Abba. Y en todo cuanto no se oponía a esta obediencia mayor y fundamental, obedecí a lo establecido humanamente.
Cada uno de vosotros tiene una misión, dada por Mí desde vuestra creación y cada uno debe cumplirla y darme cuenta de esta misión. Esto requiere vuestra obediencia a Mí, a lo que os pido no sólo en general como hijos y siervos Míos, pero [también] como “misión” particular.
La obediencia a vuestra misión particular es esencial en Mis Planes, y esta obediencia requiere que Me conozcáis, que Me reconozcáis y escuchéis Mi Voz.
Las obediencias humanas, el aprender a obedecer sin entender, sin tener razones humanas que os parezcan, os van preparando a la obediencia mayor que Me ofrecéis, creyendo y obedeciéndome a ciegas, sin ver ni entender, en la plena confianza de que todo lo que os pido es por vuestro bien y el bien de TODOS.
Mis pequeños, hay que saber distinguir entre el espíritu de Obediencia que Yo os pido, que es humildad y Fe; [y el] de la obediencia humana “al pie de la letra” que no ve más allá de la instancia particular, no ve ni distingue entre la obediencia debida a Mí y la obediencia humana.
[Continuaremos después, Florecita de Mi Corazón…]
[Varias horas después]
Mi pequeñita, continuemos.
Cuánto se puede decir de la verdadera Obediencia – pero basta con mirar y reflexionar en cómo Yo la viví, el ejemplo vivo que os he dado como enseñanza.
Pensad en cómo actué a los doce años, quedándome en el Templo – obedecí la Voz del Padre que Me llamó a dar testimonio ante los Doctores de la Ley, desobedeciendo a Mis Padres[1] en la tierra – y reflexionad en Quiénes eran Ellos – en Su santidad, y sin embargo en esa instancia había una obediencia mayor.
Obedecí durante todos los largos años de la vida privada, escondida, como cualquier otro fiel, cumpliendo los requisitos de la Ley, cumpliendo como ciudadano.
Pero llegó el momento de iniciar la Misión de la Redención, encomendada a Mí por mandato Divino, y entonces obedecí tan sólo la Voz del Padre, pues la primera obediencia pasó y ahora Yo instituía la Obediencia Perfecta, basada en la Fe y el Amor, y no en el simple cumplimiento de los preceptos.
Quiero Obediencia. Verdadera, Santa Obediencia, que es la humildad del corazón que está atento a Mi Voz, a Mi Querer, y que Me permite actuar en y a través de vosotros.
Jesús, +
Vuestro Señor y Dios,
que os ama y os enseña con Su ejemplo.
[Dictado al terminar el escrito anterior sobre la Obediencia]
Mis hijos, ahora hablo a vosotros dos[2], Mis Obispos a quienes he encomendado el cuidado de esta ciudad[3], y a quienes he llamado a estar unidos a esta Obra que Estoy haciendo aquí y ahora.
Gran llamado, gran responsabilidad, gran sacrificio y ofrenda, y gran gozo para vuestro Dios.
Mis hijos, mirad el testimonio de vida de éste grupito Mío, estos pequeñitos Míos a quienes he reunido aquí, que a través de tantas pruebas Me han sido fieles.
Me han obedecido a Mí. A lo que les he pedido a cada uno y como grupo. Esta obediencia les ha costado mucho. Humillaciones, incomprensiones, pruebas, desiertos, y Mi formación en la Fe inquebrantable que los ha hecho morir en vida.
Mis hijos, estos hijitos Míos son dóciles a Mí. No les pongáis obstáculo. Os dan el debido respeto, os rodean con su oración, os acompañan en espíritu, y son vuestros colaboradores y trabajadores más útiles, pues Me sirven de todo corazón.
La verdadera unión, hijos, viene de la docilidad a MI VOLUNTAD, a Mi QUERER. La unión entre vosotros es fruto de vuestra unión individual Conmigo.
Estos hijos Míos son uno en Mi Corazón, y trabajan por que cada hijo Mío tenga esta unión Conmigo y se cumpla Mi deseo de teneros a todos como uno, unidos Conmigo, compartiendo todo lo Mío.
Hijos, esta unión que tanto anheláis en Mi rebaño, en Mi Iglesia, la hago Yo, cuando cumplís Mi Querer.
Mi Iglesia está tan fragmentada, herida, porque tantos se han olvidado de Mí, ignoran Mi Querer, Me ignoran a Mí, y al ignorarme, desconocen Mi Voluntad; y al no saber qué es Mi Voluntad, ¿cómo pueden cumplirla? Se olvidan de Mi acción, y se hacen dependientes tan sólo de sus propios criterios, de sus propias ideas y deseos, y por tanto surgen las divisiones, la fragmentación de Mi Cuerpo Místico.
Cuánto, cuánto dolor, hijos, al ver esta división.
Vosotros, hijos de Mi Corazón, comprendedme, recordad cuál es el propósito de todo – reunir a todos Mis hijos en la Verdad para que estemos todos juntos en la Unión del Amor que es el Cielo, que es el Abrazo Eterno de Nuestra Santísima Trinidad.
Ayudadme, hijos.
Tengo grandes planes de Misericordia, y os hago participes de ellos, pero necesito que Me escuchéis.
Tomad un tiempo de oración Conmigo, y os hablaré al corazón, os hablaré de Mis Planes.
Soy vuestro Jesús, vuestro Todo, Quien os da todo, y Quien os pide todo.
No tengáis miedo de este rebañito, son parte de Mi Plan, Me son fieles, y os quiero ver unidos en Mi Voluntad, unidos en Mi Amor.
Vuestro Jesús os ama, y os da estas Palabras venidas de Mí, Palabras sencillas, escritas con pluma defectuosa :), pero venidas de Mí.
Confiad en vuestro Jesús.
Mi bendición descienda sobre vosotros, Mis pequeños.
No seáis sordos a Mi Voz, es la Voz que os habla en el corazón, la Voz que habla en Mis Evangelios.
Es Mi Voz.
Jesús,
Dueño y Señor de Todo. +
[1] Sentí que aquí y en la siguiente frase El quería que usara mayúsculas por respeto a María Santísima.
[2] Arzobispo Gustavo García-Siller y Obispo Michael Boulette
[3] San Antonio, Texas



