20 de septiembre, 2024
Jesús. Yo Soy la Cabeza y la Victoria.
(Dictado en español.) (NOTA: Las notas a pie de página no son dictadas por el Señor. La Hermana las añade. En ocasiones para ayudar a esclarecer para el lector lo que la Hermana percibió referente al sentido de palabras o expresiones, y en otras para transmitir el tono en que el Señor o María Santísima hablaron.)
Escribe, Florecita.
Todo carisma, don, venido de Mí produce fruto santo para todos Mis hijos. Cada don es útil cuando al recibirlo el alma Me lo ofrece, para que Yo muestre cómo, cuándo, y donde usarlo.
Son los instrumentos de trabajo que os doy, las herramientas necesarias según el trabajo que os encomiendo.
No doy nada en vano, hijos.
Pero, así como os doy Mi Gracia y la mal usáis en tantas ocasiones, así Mis dones son rechazados, ignorados, mal usados, tergiversados por el orgullo instigado por Satanás.
Y al quedar truncadas estas herramientas que os doy, quedan también truncados los trabajos, las misiones que os doy.
Y cuantísimas misiones han quedado así incompletas, inútiles, y vuestras almas perciben este desorden y os causa sufrir.
También esto quedará renovado, hijos, ánimo.
Cada don en su lugar, todos trabajando para el fin que fueron concedidos, todos ayudando en la salvación de Mis hijos, en su sanación, en su formación, en el trabajo de convertiros en plenos hijos Míos – unidos cada vez más a Mi Corazón y a Mi Voluntad y a Mi actuar.
Todo en orden, hijos.
En Mi Ejército de Luz están presentes todos los dones y carismas, tanto humanos como espirituales, y para cada uno doy la formación y la Gracia necesarias para recibirlos, ofrecérmelos, y usarlos.
Hijos, veréis dones y Gracias nunca antes vistas, puesto que los tiempos y situaciones a las que os enfrentáis y enfrentaréis las necesitarán.
Lo que sucede ahora, hijos, no ha sucedido antes. No lo olvidéis.
Cada tiempo requiere su gracia, su formación, y las herramientas necesarias para llevar a cabo Mi Obra.
NO TEMÁIS.
PERMANECED EN MÍ.
Veis que Mi Iglesia, que Yo fundé sobre los cimientos santos de los Apóstoles, y que alma tras alma – ladrillo tras ladrillo – He edificado a través de los siglos, ha sido infiltrada, herida, mermada.
El orden que Yo puse en Ella para bien de Mis hijos todos, ha sido rechazado.
¿Y qué ha quedado, hijos?
La carcoma.[1]
Por esto sentís tristeza – la Mía. Por esto sentís horror – el Mío. Por esto sentís la santa ira al ver lo creado por Mi Padre contaminado y corroído – Mi propia ira.
Así como un árbol cuyas ramas han sido atacadas por plagas que han consumido hoja tras hoja, impidiendo y deformando cualquier retoño, y que terminan secándose y dañando al tronco principal exponiéndolo a aún mayores plagas y enfermedades, veis lo que ha sucedido en Mi bella Iglesia – la plaga de la soberbia, de la falta de Fe, y de la idolatría se ha inmiscuido en las ramas de Mi Árbol, que sólo debiera producir abundantes frutos, nutritivos y llenos de vida, sombra y resguardo, y el constante recuerdo del Amor providente de vuestro Dios.
Hijos, las plagas más peligrosas y desastrosas son las que entran imperceptibles, se desarrollan en la oscuridad y en lo escondido, y crecen y crecen. Y cuando las veis por fin brotar en la superficie – cuán extensas son ya, imposibles de erradicar sino a través de las medidas más extremas.
Una poda total, hasta la raíz.
Hijos, recordad las parábolas de las higueras.[2]
No os escandalicéis ante lo que os digo, ante Mis Palabras de corrección, ante la VERDAD que os muestro POR VUESTRO BIEN.
Hijos, sois parte de Mi Cuerpo Místico. Parte viva de Mi Iglesia. Y YO SOY VUESTRA CABEZA. YO SOY LA PIEDRA ANGULAR SIN LA CUAL TODO SE DERRUMBA.[3]
Recordad las palabras de Mi Pablo, advirtiendo y corrigiendo a Mis hijos que decían “yo soy de Pablo”, “yo soy de Apolo…”[4]
SOIS MÍOS.
NO LO OLVIDÉIS.
PERTENECÉIS AL CORDERO DEGOLLADO QUE OS RESCATÓ CON SU SANGRE.[5]
SOIS DE VUESTRO JESÚS.[6]
No os sorprenda entonces que os diga que el puesto – la responsabilidad – que Yo instituí para apacentar y guiary proteger a Mis ovejas, ha sido tomado por la fuerza por uno que NO ES MÍO.
SÓLO YO PUEDO DECIR ESTO, HIJOS. YO, QUE ESCUDRIÑO CADA CORAZÓN y ANTE QUIÉN NADA PERMANECE OCULTO.
Y SÓLO YO PUEDO – Y LO HARÉ – QUITAR A LOS IMPOSTORES, a las plagas nefastas que se han infiltrado, preparando el camino para el hombre de la perdición, que dentro de poco será desvelado ante las naciones.
Vosotros que habéis recibido Mi aviso en vuestro interior, que habéis cargado con este conocimiento, y que habéis sufrido en Mi Nombre al ver a Mi Cuerpo Santo una vez más traicionado – Gracias, hijos. Vuestro sufrir unido al Mío alcanzará misericordia para muchos.
Vosotros, hijos, para quienes estas palabras son nuevas, duras, punzantes – y que os causan confusión – os digo:
CONFIAD EN VUESTRO JESÚS.
CONFIAD EN VUESTRO ABBA.
CONFIAD EN LA LUZ SANTA DE NUESTRO ESPÍRITU SANTÍSIMO.
No sois vosotros los que habéis de dar luz a estos tiempos y a lo que sucede. Vuestro pensar, hijos, es demasiado limitado y está herido por la confusión fétida del enemigo.
SOY YO QUIEN OS DA LUZ, HIJOS. [sonrisa suave]
NO LO OLVIDÉIS.
VUESTRO JESÚS OS DA LA LUZ QUE NECESITÁIS AHORA PARA COOPERAR EN EL PLAN DE NUESTRO ABBA – DE NUESTRO MISTERIO. PLAN DE AMOR Y MISERICORDIA que se desenvuelve de edad en edad, guiando, iluminando, purificando a Mis hijos, a Mi Iglesia.
PERMANECED EN PAZ EN MI CORAZÓN. No temáis.
Hijos, cuánto más habéis de ver, como Yo vi a Mis Apóstoles y discípulos tambalear, huir, negarme; ver “en ruinas” lo que con tanto esmero y Amor reuní, formé, amé.
Pero hijos, en Mi mirada desde la Cruz también estaba la Paz que lo que ocurría era necesario, y que vería a Mis escogidos purificados de toda su soberbia, su humano pensar y proceder, listos para el beso del Fuego Divino que los terminaría de transformar por completo.
Mis pequeños que Me amáis, os digo estas palabras para que recordéis que tras la purificación de Mi Iglesia – tras Mi Reconquista – la veréis renovada, del todo limpia, llena de Luz, llena de la abundancia de Mi Gracia, tal cual brotó de Mi Corazón al ser traspasado.
Sí, hijos, la podredumbre ha llegado tan alto y tan profundo que el trabajo de purificación SÓLO YO LO PUEDO REALIZAR. Y VOSOTROS CONMIGO.
YO, VUESTRO CAPITÁN, Y VOSOTROS, MIS SOLDADOS.
MI EJÉRCITO LUMINOSO – Llevando en sí la Luz de la Fe, de la Esperanza, de la Verdad – la Espada que todo lo conquista.
La VICTORIA está ganada, hijos, pero la batalla habéis de vivirla.
En reparación, en ofrenda, en sacrificio.
UNIDOS A MÍ.
COMO YO REPARÉ por vosotros. COMO YO ME OFRECÍ AL PADRE. COMO YO LO SACRIFIQUÉ TODO POR OBEDECER Y CUMPLIR LA OBRA DE MI PADRE – la salvación de todos Sus hijos.
Permaneced en Mí. No temáis.
Todo sufrirá un temblor como no imagináis, se derrumbará tanto que pensabais [era] perenne.
NO TEMÁIS. MIRADME A MÍ.
Recordad que toda “victoria” de Nuestro enemigo es APARENTE. TEMPORAL. Más pasajera que la niebla matutina.
YO SOY LA VICTORIA.
YO SOY.
NO HAY OTRO.
Estad en Paz, hijos. Veo vuestros corazones, veo vuestro dolor, vuestros temores y dudas, vuestra angustia.
TRAEDMELAS. DEPOSITADLAS EN MI CORAZÓN.
Repetid Mi Nombre.
“DIOS CON NOSOTROS.”
Repetidlo y estad en Paz.
Mi Madre os cobija con Su Manto Santo y Yo os cubro con Mi Sangre.
NO TEMÁIS.
MIRADME A MÍ.
VUESTRO JESÚS OS AMA.
[sonrisa suave, como dándonos ánimo]
[1] Lo dijo con tanta seriedad, me parecieron palabras muy pesadas, como si descendieran como una tonelada. Terribles por su significado.
[2] En los Evangelios hay tres menciones de la higuera como ejemplo o símbolo: la parábola de la higuera que hasta ahora no ha dado fruto, pero que se cuida un año más con la esperanza de que fructifique antes de ser cortada (Lc 13: 6-9); la higuera que se seca tras ser maldecida por Jesús por no dar fruto (Mt 21, 18-22; Mc 11, 12-24); y la higuera utilizada como analogía por Jesús para leer los signos de los tiempos (Mt 24, 32-35; Mc 13, 28-31; Lc 21, 29-33). Este último ejemplo forma parte de un discurso más largo que se repite en tres de los cuatro Evangelios, un discurso sumamente importante y que nos da mucha luz para estos tiempos.
[3] Este recordatorio de Jesús, dicho tan sencillamente, lo he percibido llenísimo de luz y significado. Y aunque no logro poner en palabras lo que percibo (¡y vaya que he tratado!), quiero al menos comunicar, realzar, la importancia que percibí en estas Palabras. Parecen tan sencillas y obvias, pero me parece que hay en ellas unas lecciones importantes de recordar en cuanto al tema de la autoridad dentro de la Iglesia.
Siento que con estas palabras nos está tratando de recordar que Él es la Cabeza, el Dueño y Señor de la Iglesia. Y que, aunque la silla de Pedro esté por el momento usurpada, y con ella comprometida mucha de la jerarquía actual, esto no quiere decir que la Iglesia está sin cabeza o líder. LA CABEZA ES JESÚS. El oficio del Papa es el de Vicario, es decir, aquel que representa a la Cabeza, mas no es la Cabeza. Y que, si el Vicario se separa de la Cabeza, ya no es Vicario de la Cabeza, aunque en apariencia siga actuando como tal.
La Cabeza está por sobre TODA la Iglesia: la Militante, la Purgante, la Triunfante. Por esto la promesa de Jesús, que “las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella (la Iglesia)”, sigue en pie, aunque por un breve tiempo la Iglesia Militante, que sigue aún aquí en la tierra, se vea en parte usurpada e infiltrada.
Otra cosa que percibo con respecto a la “estructura” y la autoridad en la Iglesia, es la importancia y el paralelo entre lo que vivió la Iglesia desde el Viernes Santo después de la muerte de Jesús, hasta Su Resurrección, y hasta la triple confesión de Fe de Pedro, y lo que la Iglesia está viviendo en estos tiempos. Jesús había muerto y había sido puesto en la Tumba; Pedro lo negó y huyó, los Apóstoles estaban dispersos y confundidos. La autoridad y estructura “visible” de la recién nacida Iglesia había, a toda vista humana, desaparecido, estaba sacudida, destruida. ¿Y qué quedaba? Un pequeño grupo reunido alrededor de María Santísima – compartiendo Su Pena, la terrible y tremenda prueba de la Fe, y la espera agonizante antes de la Resurrección y del cumplimiento de las Palabras de Jesús.
A pesar de todo lo que acabo de escribir, me es difícil poner en palabras todo lo que estas sencillas palabras de Jesús en el Mensaje me traen a la mente, pues no poseo un extenso vocabulario teológico ni tengo muchos conocimientos, y desde luego puedo equivocarme. Sólo sé que la Cabeza no nos abandona.
[4] 1 Corintios 3, 4-9. Todo el capítulo es de ayuda.
[5] Dicho con mucho énfasis.
[6] Dicho más suavemente. Algo que pudiera pasar por desapercibido pero que me ha parecido una muestra de Su Amor tan delicado es que dice “Sois de vuestro Jesús.” Como haciendo hincapié en que es un Amor y entrega mutua.
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