La siguiente es una transcripción generada por computadora que se ha incluido para que la homilía sea consultable. No ha sido verificada por el autor.
“Estaba Jesús orando en cierto lugar y cuando terminó le dijo uno de sus discípulos, Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos.” Señor, enséñanos a orar. Los apóstoles habían visto a Jesús orar y cómo habrá sido el ver a Jesús orar y los efectos que tenía en él la oración. Y ellos querían que les enseñara. Este evangelio muestra cómo respondió Jesús enseñándoles con el Padre Nuestro. Aquí tenemos una versión más breve. El evangelio de Mateo nos da la versión completa y les ha estado enseñando a hacer oración, pero también les ha enseñado con su ejemplo. Y tenemos otro ejemplo de oración en Abraham. En la primera lectura. Dios está a punto de castigar a Sodoma y a Gomorra, que es una advertencia muy grave para nuestro tiempo por la forma en la que Sodoma y Gomorra se hacen presentes. Y vemos a Abraham intercediendo ante Dios y lo que nos muestra es un ejemplo de oración, que es una conversación.
Hay otros ejemplos como en Moisés. Pero es una conversación entre Abraham y Dios. Hay un diálogo entre ellos y me recuerda de las de mis partes favoritas del diario de Santa Faustina, en el cual Dios le comparte cinco conversaciones con almas en diferentes situaciones, pero de nuevo esto es una conversación, un diálogo y de hecho conforme le piden a Jesús que les enseñe a orar todo El evangelio es un ejemplo de oración porque es Dios mismo presente, Dios que se ha hecho hombre, quien habla con ellos. El evangelio está lleno de Conversaciones entre las personas y Jesús, y muchos de ellos son ejemplos de oración en una conversación.
“Señor, enséñanos a orar.” He compartido como las raíces de la misión van a hace más de 30 años, donde dos mujeres en Monterrey se acercaron a mí. Dos mujeres que recibían locuciones. Me dijeron si quería ser su director espiritual. Y conforme las conocí compartieron los mensajes, las locuciones y mucho de lo que hemos compartido en el encuentro con Jesús son las basados en las inspiraciones que recibieron estas dos mujeres y una de ellas, el nombre que Dios le dio es Tiara y en algún punto le dio un curso de oración. en ora muchas lecciones en la oración y les quiero compartir el primer mensaje. He usado algunas de estas ideas a través del tiempo y alguna vez llegamos a hacer un panfleto que contenía varios pasajes de este mensaje. Les leeré alguna parte de ello y después haré un comentario.
Dice, “Voy a hablarles acerca de la oración. Oren para que no caigan en la tentación. Os dije en mi evangelio, os quiero orando, orando siempre. ¿Cómo puede ser esto dentro de sus miles de ocupaciones, de actividades? os lo voy a explicar. Orar es hablar con Dios. Piensen un poco. Cuando hablan dos personas en amigable conversación, se compaginan, se transmiten su pensar, su sentir, su vibrar, se impregnan uno del otro. Lo mismo sucede cuando habláis con vuestro Dios. Os impregnáis, de su pensar, de su sentir. Y no solo os impregnáis, me doy a mí mismo, a la otra persona que habla, que platique conmigo. Os doy, me doy por completo. Doy mi Santo Espíritu a quien ora, a quien piensa en mí, a quien se acuerda de mí.
“Pero, ¿cuántos oran? ¿Cuánto oran? ¿Y cómo oran mis hijos? Nadie los ha enseñado a orar. Nadie. Pobrecitos, os habéis con ello privado de lo más grande que podéis tener en la vida después de la gracia santificante. Hijitos, orar es hablar conmigo, con su Dios. Podéis empezar contándome vuestras cosas, vuestros proyectos, vuestros trabajos, no porque yo no lo sepa o los ignore, sino porque esa es la forma más sencilla, más fácil, más común para vosotros de iniciar un diálogo. Sí, hijitos, es diálogo. Porque cuando vosotros empecéis a contarme vuestras cosas, observaréis después que, si hacéis silencio después de ello, para meditar un poquito en mí, para pensar un poquito en mí, veréis que percibiréis mi pensar y mi sentir respecto a aquello que me habéis platicado, comentado. Si os dierais tiempo de empezar a platicarme vuestras cosas, cuántas gracias, cuántas recibiríais. Vamos a hacer una escuela universal de oración. Digo universal porque quiero que este mensaje, y así se hará, se conozca universalmente. Yo, yo mismo seré vuestro maestro.
“Pobrecitos, pobres almas que pasáis por esta vida tan dura a consecuencia del pecado, tan dura y sin comunicaros, sin hablar con vuestro Dios, sin tener los consuelos sensibles, diríamos de vuestro Dios, sois humanos y necesitáis sentiros amados. Pero, ¿cómo sentirse amados si no me dais vuestro tiempo para hablar entre nosotros? Yo, yo seré vuestro maestro de oración. Escogeréis para mañana un ratito determinado, 10 minutos solamente para hablar conmigo, para platicarme vuestras cosas, proyectos e ilusiones. Me lo platicaréis, ya sea con el pensamiento, despacio o en voz baja. Os recogeréis ese momento, ya sea en vuestra casa o en el templo para nuestro diálogo. Empezaréis poniéndoos en mi presencia, es decir, pensando que ahí estoy. Como Dios estoy en todas partes. Estoy en vuestro espíritu como centro del alma y estoy en el sagrario, mi presencia real, como hombre Dios entre vosotros. Vosotros escogeréis el lugar de vuestro diálogo, con tal de que sea apacible y lejos del ruido, del mundanal ruido. Y hasta que estéis conscientes de mi presencia, de que estáis en mi presencia, hasta entonces iniciaréis vuestro diálogo.
“Cuando terminéis de contarme vuestras cosas del día, vuestros anhelos, vuestras esperanzas, vuestras penas, haréis silencio interior y exterior. Interior quiere decir que no divaguéis, que no penséis en otras cosas sino en mí, en mi amor, en que os escucho y os he escuchado. Así recogidos, haréis silencio y me dejaréis hablar. Me oiréis hablar en vuestro interior, en vuestro pensamiento, en vuestro corazón. Terminado los 10 minutos, no os levantéis nada más así. Me diréis, “Dios mío, te adoro y te doy gracias.” Y así os podéis despedir. Y de este día en adelante guardaréis ese tiempo para mí, solo para mí. Es decir, hablaremos todos los días, si es posible a la misma hora. ¿De acuerdo? Os espero.”
Este es el mensaje. Este es solamente una parte. Para mí es muy práctico, de mucha ayuda y como he dicho, tuvimos que mantener mantenerlo oculto y queríamos compartirlo. Solo un pequeño comentario acerca de este mensaje. Lo que tenemos en el evangelio es a los discípulos pidiéndole al Señor que les enseñe a orar, queriendo que Dios mismo sea quien les enseñe. Y él les dice sencillamente que orar es el hablar con Dios. Es una explicación sencilla, es una conversación sincera con Dios. La asemeja a una conversación íntima entre amigos que les ayuda a ser más cercanos, estar más unidos, compenetrados e impregnados para estar más y más unidos. Y esta es una forma sencilla y natural de empezar, en cierto modo, una manera muy humana de comenzar. Una de las razones por las cuales quería compartírselos es no solamente para ustedes, sino para que lo compartan con otras personas que quieran aprender a orar.
Porque ustedes quizás tienen mucha experiencia orando, pero ¿qué hay de otros que no tienen experiencia orando? ¿Cómo podemos ayudarles? Creo que es una forma tan sencilla con la que cualquiera puede empezar, incluso personas que no conocen a Dios en absoluto, incluso personas que tienen dudas acerca de Dios, que no saben si existe, personas que están enojadas con Dios, pueden comenzar de esta manera. Señor, no sé si estás ahí, tengo muchas dudas. A veces me siento muy enojado contigo. Ese puede ser el comienzo de esta conversación. Hay dos partes esenciales. La primera es hablar con Dios, porque esa es la parte más sencilla para nosotros. Muchos queremos desahogarnos y necesitamos encontrar a alguien que se preocupe por nosotros y que tenga el tiempo y la sabiduría de ser posible para poder desahogarnos. Alguien que esté dispuesto a escucharnos. Es difícil encontrar a alguien así. En muchas ocasiones no encontramos a quien pueda realmente escucharnos y quizás lo hay, pero están lejos o no tienen tiempo suficiente. Esto es ya muy importante.
Creo que en un sentido podría ser como un ministerio en la iglesia para el cual no es necesario un título especial. Solo el ser alguien que escucha. es de mucha ayuda para las personas. Dios sabe escuchar y frecuentemente lo primero que es necesario es hablarle a Dios acerca de las cosas que nos preocupan, de nuestros anhelos, de las cosas que están en nuestra mente, lo que esté en nuestra mente, con ello podemos iniciar nuestra conversación. Esta es una forma muy sencilla y humana, muy accesible para comenzar a orar. Esa es la primera parte y es una forma fácil de empezar, pero la segunda parte es más importante. La segunda parte es escuchar a Dios. Cuando decimos escuchar, en ocasiones las personas reciben lo que parece ser una respuesta. clara de Dios. Pero en ocasiones no es así. En ocasiones la respuesta puede no ser inmediata, puede ser el siguiente día, semana o más tarde y pudiera no ser con palabras, pero frecuentemente puede ser a través de una luz en nuestras mentes o percibirlo en nuestro corazón o quizás comunicar algo a través de la escritura. de muchas maneras en la naturaleza, las enseñanzas de la iglesia, las muchas diferentes maneras en que se comunica.
Mi punto es que incluso si no percibimos una respuesta inmediatamente, no desanimarse. Porque el tratar de escuchar a Dios, ya el acto de tratar de escucharle, de tratar de estar abierto es muy importante porque es un acto de fe. Es un acto de decir, “Señor, confío que tú eres quien sabe la respuesta a mis preguntas y que me amas y que quieres ayudarme. guiarme. Es un acto de fe, también es un acto de humildad porque es reconocer que no tengo todas las respuestas, solamente Dios. Y al mismo tiempo es un acto de humildad amorosa, porque queremos conocer su voluntad en lugar de tan solo buscar forzar a Dios para hacer nuestra voluntad. Estamos buscando saber su voluntad. Solo el acto de tratar de escuchar ya abre la puerta a muchas gracias. Este es el núcleo muy sencillo de aprender a orar, que es primero hablar y segundo escuchar.
Pero él continúa dando más ayuda práctica. Él dice, “¿Cuándo debemos orar?” Él dice, “Elijan un tiempo. Cualquier tiempo que la persona quiera puede ser bueno.” Pero él dice dos cosas acerca del tiempo. Que sea un tiempo específico.
Así es que él dice, elijan un tiempo mañana, que es diferente a decir, voy a tratar de orar mañana. Es diferente a decir cuándo sería un buen momento para orar mañana. Quizás mañana temprano, cuando me levante o después de ducharme. Quizás en algún momento por la mañana. Quizás voy a tratar de ir a misa más temprano.
Quizás por la tarde elijan un tiempo específico, porque el tener un tiempo específico hace más fácil el seguimiento para hacerlo en realidad. Elijan un tiempo específico. Piensen cuál es un buen momento para ustedes en su día para que pueda convertirse en un hábito. Él también dice solo 10 minutos. Así es que él quiere hacerlo fácil para nosotros. Solo 10 minutos. Por supuesto, podemos tomarnos más tiempo, pero en ocasiones si tratamos de hacerlo muy largo, nos desanimamos y después de un tiempo dejamos de hacerlo. Así es que sea fácil, solo 10 minutos, dice él, después dice, dónde y de nueva cuenta da mucha libertad. Elegirás el lugar para tu diálogo, asegurándote de que sea tranquilo y alejado del ruido del ruido mundano. Puede ser en casa, en la iglesia o un lugar en el exterior, en muchos lugares, quizás incluso al trasladarse. Y después están cuatro partes. Las dos centrales son hablar y escuchar, pero él añade dos y verán que son muy simples, porque imagínense que alguien toca a su puerta, quizás alguien que conocen y tan solo empieza a hablar acerca de algo. Sería algo extraño. Normalmente empezarían por saludar a la persona. lo normal y lo primero al encontrar a alguien que conoces, le saludas, pero cuántas ocasiones comenzamos a hablarle a Dios o diciendo rápidamente oraciones sin estar conscientes de su presencia.
Él dice, “Comenzarás por ponerte en mi presencia, es decir, pensando que yo estoy ahí. Así como estoy en todos los lugares como Dios, estoy en vuestro espíritu, en el centro de vuestra alma y estoy en el tabernáculo, en mi presencia real. Y espera hasta que seas consciente de mi presencia, de que estás en mi presencia. Solo entonces comenzarás tu diálogo. De nueva cuenta es primero saludar a Dios, tomar un momento para estar conscientes de su presencia en lugar de tan solo empezar a orar rápidamente. De nuevo, esto es algo muy simple y humano, no es complicado. Y después habla acerca de hablar con él y después escucharle. Y aquí dice que escuchar es mantener silencio, no tan solo exterior como el no hablar, sino tratar de mantener silencio interior, esto es el tratar de pensar en Dios, de enfocarnos en él.
Podemos decir que lo hemos intentado y que tenemos muchas distracciones. Está bien, no se preocupen por las distracciones. Hagan lo mejor posible y cuando se den cuenta de que han de que se han distraído, traten de enfocarse en Dios de nueva cuenta. No se desanimen por las distracciones. Cada ocasión que se den cuenta y regresen su atención a Dios es otra victoria para Dios y para su espíritu. No se preocupen si tienen dificultades con las distracciones. Tan solo hagan su mejor esfuerzo. Un ejemplo que he dado en mi propia vida es que frecuentemente las personas vienen a mí con problemas difíciles y yo no sé cómo resolverlos y no sé qué decirles, pero frecuentemente he encontrado que al tomar un momento breve para orar con ellos en silencio y en muchas ocasiones, no es que escuche algo o lo perciba de inmediato. En muchas ocasiones no percibo nada, pero conforme la conversación continúa, algo me ocurre y me parece ser la respuesta que Dios quiere que dé. Y esto es algo que todos podemos hacer con tan solo abrir la puerta para tratar de escuchar a Dios. Hacemos posible para él cuándo y cómo elegir dar su luz. Esa es la tercera parte, escuchar a Dios. ¿Y cuál es la parte final? Y la parte final es muy simple. Tal como en una conversación humana, no tan solo hablas y escuchas y te vas, dices adiós.
Él dice, “Después de los 10 minutos no te levantarás para irte de manera apresurada, sino que dirás, Dios mío, te adoro y te doy gracias. Así podrás retirarte.” Básicamente lo que dice al final de la conversación es decir adiós. Así es que es muy sencillo saludar, hablar, escuchar, decir adiós. Después él dice, “Y desde ese día en adelante reservarás ese tiempo para mí, solo para mí. Es decir, hablaremos juntos todos los días, si es posible a la misma hora. ¿Estás de acuerdo con eso? Porque si lo hacemos una vez está bien, pero donde se hace muy poderoso es si lo hacemos diario, si se convierte en un hábito. Por eso es que es importante encontrar un tiempo adecuado para ti, para hacerlo un hábito. Él dice, “¿Estás de acuerdo?” Nos invita a hacer el compromiso, a tomar una decisión.
Y lo último que dice es y que es muy importante, yo te estoy esperando. Yo te estoy esperando. Piensen en ello. Él está esperándote. Imaginen, quizás ya lo hicieron un tiempo mañana. Cualquiera que sea, un buen momento para ustedes, digamos que es por la mañana. Después de su taza de café o lo que sea, piensen acerca de ese tiempo y ahora piensen en lo que acaba de decir. Yo te estoy esperando. Piensen en ello como una cita con Dios que él te está esperando personalmente. Lo ven diferente, lo hace ver más importante que él te espera en ese tiempo. Si lo olvidas, pierdes esa cita. Él te está esperando. Dios te está esperando. Eso nos muestra cuán importante eres para él y cuán importante es para él ese tiempo contigo. Señor, enséñanos a orar. Esta es una lección muy sencilla que él nos da y creo que es accesible para todos. acerca de cómo orar. Una lección sencilla que nos puede llevar muy lejos porque es Dios mismo quien inicia a enseñarnos, a guiarnos. Así es que podemos pedirle a nuestra Santísima Madre que nos ayude a aprender, a escuchar al Espíritu Santo y aprender cómo orar y recordar esta invitación del Señor. Esta es una lección muy concreta. Él te invita a apartar un tiempo mañana y después él dice, “Yo te estoy esperando.” Amén.






